Raphael: «En el escenario soy igual que fuera; y fuera soy igual que en el escenario»

Vuelve en modo grandioso, juntando una orquesta sinfónica con la electrónica. Dice que el resultado ha superado lo esperado y que el público enloquece en los directos de esta gira


redacción

Asegura Raphael que su música traspasa generaciones. Para acreditarlo, le explico una anécdota que me ocurrió hace unos meses. Fui invitado por un colegio coruñés a dar una charla sobre música pop a niños. La audiencia la componían infantes de cuatro y cinco años. Sabía de antemano que uno de los pequeños escuchaba a Raphael en casa, porque sus padres se lo ponían. Para hacerle un pequeño guiño, les puse entre She Loves You de The Beatles y Respect de Aretha Franklin, su celebérrimo Como yo te amo. La sorpresa fue total. En cuanto sonó, más de la mitad de la clase se puso a cantarla verso a verso, totalmente emocionados. Al llegar al estribillo la voz se convirtió en grito y los pequeños se pusieron de pie.

«¡Buff, no sabes la alegría que me das al decirme eso!», señala el artista. «Es algo mágico ver cómo todo eso se pasa de generación en generación y se mantiene vivo. En mis conciertos a veces puedo ver hasta cinco generaciones diferentes entre el público. Es algo realmente maravilloso y de lo que me siento muy orgulloso», dice. En Galicia se le podrá ver sobre las tablas el próximo 16 de noviembre en A Coruña. Presenta Resinphónico, la última pirueta que ha dado un repertorio que forma ya parte de la historia de la música en castellano.

­-Ahora viene con una mezcla de sinfonismo y electrónica: «Resinphónico».

-Voy con lo bueno del pasado, que son las melodías y las canciones, y con el ritmo del futuro. Se trata de una mezcla muy explosiva que ha funcionado muy bien.

-Lo hemos visto con piano, con formación pop, con orquesta y ahora con apoyo electrónico. ¿Sus canciones aguantan lo que le echen?

-Es que cuando las canciones son buenas, en este caso de Manuel Alejandro, lo aguantan todo. Por eso son canciones históricas, que perduran años y años y con las que ocurren cosas como lo que me has contado de esos niños. Otras son de usar y tirar. Se disfrutan cuando salen, pero se olvidan al instante.

-Este disco tiene, además, un toque muy cinematográfico.

-Yo las describo como bandas sonoras de películas y así están representadas en el espectáculo. En las pantallas cuando las canto, salen cosas y todo muy cinematográfico. Este espectáculo tiene mucha calidad, muchas historias.

-¿De este nuevo envoltorio hay algún resultado que le haya sorprendido a usted mismo?

-Sí, todo [risas]. Yo me esperaba que iba a hacer una cosa buena, pero no que iba a ser algo de tal calado popular. Yo doy conciertos casi a diario en todas partes y veo que lo que está ocurriendo ahora es algo tremendo. Por ejemplo, acabo de estar en Murcia y en Mérida, en el teatro romano, y fue algo tremendo. Pero de verdad. ¡Es que no sabes lo que es eso de mezclar lo sinfónico y lo electrónico y cómo lo recibe la gente! Todo esto, por supuesto, con un cantante que tiene casi 60 años de historia y con la voz en su sitio desde el primer día.

-¿Se valora su veteranía?

-Yo creo que sí. El público, que no es tonto, elige lo que le gusta. También guarda en el corazón las canciones que le han gustado antes y las sacan a flote en cualquier momento.

-Repite en Galicia con la Orquesta Gaos.

-Estoy encantado con ellos. Mis anteriores colaboraciones con ellos fueron algo fantástico, por eso repito.

-Usted es la sublimación total de lo que se entiende por animal de escenario.

-Totalmente.

-¿Se transforma sobre las tablas o es tal cual en su vida normal?

-No, en el escenario soy exactamente igual que fuera. Y fuera, igual que en el escenario.

-¿Me está diciendo que el Raphael del hogar es igual que el del escenario?

-Exactamente igual.

-¿Qué hace una hora antes de actuar?

-No hablar. Pero eso ya lo hago antes. Los días que canto, que son casi todos, ya empiezo a las doce de la mañana a ser roñoso con lo de hablar [risas]. Es decir, hablo lo mínimo posible. Por teléfono desde luego no, porque se emite una voz diferente, que obliga a forzarla y la daña. Tomar estas precauciones hace que mi voz cuando subo al escenario esté limpia, sonora y como tiene que ser, como el público que viene a verme se merece. Cuando yo estoy encima del escenario se nota que no me he pasado la noche anterior de juerga y que estoy funcionando como un reloj.

-¿Hay que ser un poco atleta?

-Claro. Hay que ser así, si no estás tomando el pelo al público y yo eso no me lo puedo permitir.

-¿Tiene mucho respeto al público?

-Muchísimo. Lo mejor que pueden decir de mí cuando salen es: «Hay que ver cómo está el señor». Eso es lo mejor.

-Siempre que lo vi en directo ocurría lo mismo. Gente que se levanta espontáneamente y empezaba a gritarle. «¡Artista, artista!». ¿Le llena eso?

-Se me ponen los pelos de punta.

-¿Aún?

-Me sigo emocionando igual.

-Hace dos años decía que si pudiera actuar en el Congreso cantaría «Escándalo». ¿Qué cantaría hoy?

-Ahora mismo, tal y como estamos, no podría cantar nada [risas]. Yo qué sé. Es que ya no sé ni por dónde van los tiros en el futuro. A ver si las elecciones lo aclaran y empezamos todos a vivir una vida normal, sin estos temores y la cosa esta de ir a votar cada tres meses. Esto tiene que empezar a funcionar en algún momento.

-Usted, además, tendrá que hacer voto por correo, que le cogerá actuando.

-No, las dos últimas veces me pilló aquí y bien pillado. Yo no tengo inconveniente en votar para nada.

-Recientemente ha muerto Camilo Sesto, otro artista que, como usted, traspasaba generaciones. ¿Cómo recibió la noticia?

-Era muy amigo de la familia. De todos, mío, de mi mujer y de mis hijos. Fue algo esperado. Estaba semirretirado y uno se esperaba los acontecimientos. De todas maneras, lo he sentido mucho, porque era muy joven, tenía toda la vida por delante y seguía cantando como cantó toda su vida: de maravilla. Es una pena que nos deje gente así.

A Coruña Coliseo, sábado 16 de noviembre, 20.30 horas entradas, desde 35 euros

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