Asier Etxeandia: «Me enorgullezco de ser un fracaso escolar total»

El actor protagoniza «Sordo», que se estrena hoy en cines, tras el éxito de «Dolor y gloria» a las órdenes de Pedro Almodóvar


Este es el año de Asier Etxeandia (Bilbao, 1975). A su duro papel protagonista en Sordo, donde encarna a un maquis que se queda sin audición por una explosión en plena resaca de la guerra civil española, se une ahora el éxito de Dolor y gloria, el filme que representará a España en los Oscar y con el que se estrena a las órdenes de Pedro Almodóvar. «Él es el cineasta en este país. Para mí fue estar delante de un grande», dice otro grande que siguió su instinto para hacerse a sí mismo desde la soledad de la incomprensión. «Nunca me entendieron mucho los demás como para ayudarme a buscarme la vida. Tengo familiares que lo han hecho. Pero bueno, pocos. Yo, oveja negra, siempre».

­-Tienes doble estreno en una semana. ¿Cómo lo llevas?

-Sí, es que se me juntan las cosas. El estreno de Sordo, el del teatro Español también con La Transfiguración del Mastodonte, el concierto de mi banda, y justo es todo la misma semana. Rima todo mucho y es precioso. Es una locura, pero estoy muy feliz y contentísimo.

­-En «Sordo» eres Anselmo, un maquis que pierde la audición por una explosión. ¿Aterroriza el silencio?

-Sí. Desde que el director, Alfonso Cortés, me contó que quería hacer esta peli, me pasó el cómic y me dijo que quería que fuera Anselmo, a mí ya se me empezaron a poner a funcionar todos los engranajes. Hace casi cuatro años que empezó a hablarme de él. Entonces yo, que empatizo mucho, empecé a acojonarme ya hace cuatro años y a meterme en su piel para intentar experimentar esa incomunicación y esa locura a la que llega durante mucho tiempo. Sí que fue duro, y realmente algo así solo lo vive alguien que ha pasado por una guerra.

­-¿Qué se escucha en la nada?

-A mí realmente más que lo de la sordera, que fue algo físico y que fui descubriendo desde un lugar mucho más de intuición casi física, casi animal, me preocupaba más la empatía emocional. El cómo vivía él el estar perdido en esa montaña cuando todo el mundo te está buscando. No oyes nada, solamente oyes las voces de tu cabeza, viviendo esa guerra con el miedo y el terror. Tenía tanto miedo de no hacer a Anselmo bien, de no dignificarlo, que me entró un pánico terrorífico por el camino. Y me di cuenta de que eso era justo lo que sentía él, miedo.

­-¿Late en ti esa parte animal y de instintos en la que se acaba convirtiendo?

-Es que él está atemorizado, es un animal herido en una historia muy bien contada, porque tiene ese tinte western, de acción, de película épica. Yo lo único que tengo para hacer mi trabajo es la intuición, la inteligencia emocional y la empatía. Me considero bastante animal a la hora de enfrentar las cosas y por mi vehemencia, que me ayuda a mantenerme en esta profesión de locos en la que tienes que mantener tu coherencia emocional, porque estás llevando al límite tus emociones continuamente. Pero bueno, para mí es una forma de vida. Soy yo y la forma que tengo de vivir, de comunicarme y de entenderme a mí mismo y de entender la vida, así que el esfuerzo es gratificante. Forma parte de tu respirar, no entiendes la vida de otra manera, no sé hacer otra cosa. En lo demás, soy bastante fracaso escolar y no entiendo ni de números ni de datos.

­-¿Sí? ¿Te iba mal en el colegio?

-Muy mal. Yo soy fracaso escolar total, y además me enorgullezco mucho de ello. Casi todos los fracasos escolares son grandes personalidades hoy en día, así que eso hace que pongamos en duda mucho cómo está planteada la educación. Creo que no fomenta en absoluto lo que realmente somos cada uno de nosotros.

-Hablando de los estudios, creo que no guardas muy buen recuerdo de tus profesores de la escuela de interpretación.

-Sí, pero fíjate que con el tiempo se me ha ido aplacando todo un poco. Cuando los actores y las actrices empezamos a estudiar, casi siempre nos pilla muy jóvenes, muy vulnerables, y vamos adonde el profesor nos dice. Y eso es algo que luego te va a seguir ocurriendo, no solamente en la escuela, sino también con directores nefastos que te van a maltratar, te dirigen mal y utilizan mal tus emociones. Pero yo me he dado cuenta con el tiempo de que, aunque sí que sufrí en la escuela, formaba parte de un aprendizaje de algo que me iba a encontrar más adelante. Al final, allí me enseñaron lo que es el teatro y lo que es la comunidad. Te elimina la individualidad completamente.

-Al fin y al cabo esos profesores te llevaron a buenos directores. Ya eres chico Almodóvar y, encima, con una película que representará a España en los Oscar, «Dolor y gloria».

-Sí, la experiencia es maravillosa. Yo es que a Pedro lo he admirado siempre, su cine me ha acompañado continuamente y siempre lo he entendido, me ha hecho volar. Él es el cineasta para mí en este país, y pasará a la historia como han pasado Buñuel, Hitchcock o Kubrick, es así. Para mí es un regalo en la vida que a veces, si te pones a pensar, no te puedes creer que te haya ocurrido. 

-¿Cómo encajas el hecho de formar parte de un proyecto que ya ha puesto rumbo a Hollywood?

-Creo que es de justicia que a Pedro le hayan seleccionado Dolor y gloria para acudir a los Oscar, y sobre todo me hace muy feliz formar parte de esto, porque es una película maravillosa y creo que es decisiva en su carrera y en su vida. Tengo mucha suerte de vivirlo con él, y espero estar allí disfrutando ese momento.

-Te costó ocho pruebas conseguirlo.

-Insisto, es que creo que la vida rima mucho. Porque también que ocurra con un personaje así, con el que me siento tan identificado, y que llegue a mí... Yo creo que por eso las ocho pruebas que hice no se convirtieron en un «Bueno, venga ya, déjame en paz, cógeme o no me marees», sino que para mí era como un máster. Aprendí muchísimo en ese proceso con él, de las cosas que me iba pidiendo. Porque en los ensayos, en las pruebas, también vas descubriendo cosas de ti o quitando, te pone a prueba. Es una especie de gimnasio emocional para un actor. Para mí fue estar delante de un grande. Estaba tan bien escrito ese texto, me llegaba tanto y me calaba tan hondo, me emocionaba tanto, que todo fluyó. Aunque por supuesto también existía el miedo, la autoexigencia y la tensión de querer hacerlo como él quería, pero al mismo tiempo era muy gratificante. Es alucinante los lugares a los que llegué emocionalmente como actor y que en otros momentos no había tocado. Solamente puedo dar las gracias, forma parte de la historia estar en una película de Pedro.

-¿Esa sensación de miedo es precisamente la señal que te indica que tienes que lanzarte a por algo?

-Siempre. Yo creo que todo lo que te da miedo, vergüenza, es justo lo que tienes que hacer. Yo funciono así. Si hay algo que te provoca placer pero que a la vez te aterroriza, es que es justo lo que tienes que hacer y a lo que te tienes que enfrentar. Y en esta profesión aún más, tienes que avanzar. Si quieres hablar de algo tienes que mojarte. El que no se moja o el que no se da, mejor que se dedique al macramé, ja, ja. Que el que hace macramé también hace una forma artística estupenda, pero me refiero a que no puedes andar con reservas, no puedes salvarte. Porque entonces no estás siendo justo con la gente que va a pagar la entrada para ir a verte. Tienes que hacer que ese día no lo olviden en su vida, es tu trabajo. Tengo un motor que no para nunca. Mi objetivo es inagotable.

-La música es otra de tus pasiones.

-Para mí va todo unido, no separo mi trabajo como actor de mi trabajo como músico. Creo que tiene además el mismo objetivo, que seas un antes y un después para cualquiera que vaya a consumirte. Estamos muy contentos porque en el Teatro Español está todo vendido. Y eso que lleva mucho trabajo, porque lo hacemos todo independiente, por nosotros mismos, pero así podemos hacer lo que nos da la gana. Y tuve la suerte de encontrar a Enrico Barbaro, que es como mi pareja profesional, con el que me desarrollo musicalmente. Juntos hemos creado un disco que es nuestro hijo y un reflejo real de nosotros, un disco conceptual que no se puede catalogar de ninguna manera.

-¿Inclasificable como tú?

-Efectivamente, como yo. Además creo que clasificarnos nos reduce muchísimo. Yo no entiendo esto de 'tú qué eres o qué haces'. Yo soy poliédrico, cada día me levanto de una manera y tienes un montón de inspiraciones muy diferentes entre sí. ¿Por qué tienes que reducirte? Pero eso es lo que hacen los demás, intentan reducirte para entenderte. ‘Te pareces a este, haces esto…’. No, no, no me reduzcas, soy mucho más.

-Antes hablabas de la importancia del equipo. Hugo Silva, Aitor Luna y tú empezasteis la promo de «Sordo» como «tres lerdas felices».

-Ja, ja. Sí, bueno, colgamos eso porque es que Aitor y Hugo son mis hermanos, son familia. Soy su amigo desde hace casi veinte años y hemos vivido mucho juntos. Nos olemos, nos sentimos, sabemos cómo funcionamos, y somos muy leales. Y eso que somos tres tipos muy diferentes, no tenemos nada que ver. Pero es que en mi caso ya te digo que mi vida rima mucho. Y con Sordo también. Que de repente Alfonso quisiera contar con Hugo y con Aitor, imagínate en qué nivel de intensidad se coloca la cosa, y en el porqué me toca hacer Sordo, y encima con ellos… Todo se llena de un aura muy especial.

-Todo tiene un porqué, ¿verdad?

-Yo sí lo creo. Mucha gente dirá: ‘Eres un intenso’, pero no me va mal pensando que todo tiene un porqué. Solamente escuchando todo lo que tienes a tu alrededor y empezando a encajar las cosas, te das cuenta de por qué te suceden las cosas y empiezas a moverte en tu vida. Yo creo que es así.

-¿Es cierto que fuiste okupa?

-Sí, eso fue en mi etapa en la escuela de teatro, y fui muy, muy feliz. Me fui de la casa de mis padres con 19 años, no tenía un duro ni tenía adónde ir, y justo conocí a una gente que vivía no en una casa ni en un piso, sino en un antiguo cuartel abandonado y derruido prácticamente, que tiraron y ya no existe. Y allí vivimos un grupo de gente, de punkis. Gracias a eso yo pude trabajar e incluso pasar la gorra, hacer teatro de calle, y pagarme los estudios como actor. No tenía para comer, pero allí descubrí el sentido de la comunidad. Además yo soy hijo único y mi realidad también era muy diferente, así que para mí fue la bohemia, la verdad. Recuerdo que aquello me enseñó cosas como a respetar a los demás, a no juzgar seas de la tribu que seas y vengas de donde vengas. Aprendí a abrir mi cabeza, a trabajar y a esforzarme. A dormir en la calle. Me ayudó mucho a tener las cosas claras. ¡Y me lo pasé muy bien! Ja, ja.

-Estás hecho a ti mismo, te buscaste la vida.

-Sí... Nunca me entendieron mucho los demás como para ayudarme a buscarla. Pero bueno, tuve ayudas, claro. Tengo familiares que siempre han creído en mí y me han apoyado moralmente. Pero bueno, pocos, pocos. Oveja negra siempre.

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