Kylie vuelve a mirar a su pasado

La pop-star por excelencia acaba de editar «Step Back in Time: The Definitive Collection», enésima recopilación de hits que vuelve a enamorar como la primera vez


Kylie Minogue juega en la liga de los chispazos instantáneos. Una fotografía mágica, un estribillo adhesivo, un ritmo que entra en la cabeza y no sale jamás. Lo lleva haciendo desde finales de los ochenta. Y lo lleva haciendo especialmente bien desde la segunda mitad de los noventa, cuando dejó a un lado las canciones pizpiretas de Stock, Aitken y Waterman y se fijó nuevos horizontes. Ahí sus pies caminaron a la discoteca, le dio un giro sexi a su imagen angelical y se abrazó a canciones como Spinning Around o Your disco Needs You, que mostraban a una artista que era más -muchísimo más- que una estrella teledirigida al uso. Al contrario, sobresalía, irradiaba carisma y se erigía como uno de los grandes iconos pop del siglo XXI.

Todo eso queda de manifiesto en Step Back in Time: The Definitive Collection, un nuevo trabajo recopilatorio que engancha desde su cubierta. Ahí, con la artista ejerciendo de agujas de un reloj y marcando las diez y diez, ya se genera el flechazo instantáneo. Entran ganas de comprárselo (en vinilo), aunque solo sea para colocarlo en uno de esos marcos para elepés que están en boga. Si no es la mejor portada del año, tiene que ser la segunda. O la tercera. Más abajo, no. De verdad.

La Voz de Galicia
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En lo musical solo aporta un tema nuevo, New York City, aceptable rodaja dance-pop que, sin embargo, palidece frente a sus compañeras de reparto. Sí, porque ubicada en el primer disco comparte espacio con uno de los cancioneros pop más apabullantes de las dos últimas décadas. Exceptuando Fever (2001) -una pequeña obra maestra que tuvo que esperar al 1989 (2014) de Taylor Swift para encontrar un digno sucesor-, lo cierto es que los álbumes completos de Kylie Minogue solo los sostiene el fanatismo ciego. Pero cuando pulsa el botón del greatest hits la cosa cambia y pide trato de palabras mayores.

Suena de primera aquí Can't Get You Out Of My Head. ¡¡¡Guau!!! Su magistral «la, la, la, la, la» produce ese chispazo instantáneo que decíamos al principio. Ritmo hipnótico. Cambios sinuosos. Seducción total. El pie se va, la sonrisa se dibuja y la temperatura corporal se eleva uno o dos grados. La canción que enamoró a Coldplay (que la versionaron) o New Order (que la fundieron con Blue Monday en el bootleg más memorable de la historia) suena 18 años después tan tersa como el primer día. Con ella muchos cambiaron de opinión sobre Kylie Minogue y conocieron un universo insospechadamente placentero.

A esas alturas al oyente ya no le importa que este sea el cuarto recopilatorio de la australiana (aquel Ultimate Kylie del 2004 también enganchó a miles solo con su portada). Tampoco se le afea reprochando que se trata de una mera maniobra comercial. Al contrario, escuchando ese suceder de hits se toma la verdadera dimensión de Kylie Minogue como creadora de fantasía pop. Recordemos: una fotografía mágica, un estribillo adhesivo, un ritmo que entra en la cabeza y no sale jamás. De todo eso hay mucho. Tanto de lo más reciente -se recogen las notables Dancing y Stop Me From Falling de Golden (2018) coqueteando con el country- como de lo clásico- maravillas electropop como Slow, piezas que transportar al edén como I Believe In You o himnos como All The Lovers-. En los 22 cortes de ese primer disco no hay nada malo.

El nivel desciende en el segundo, donde abunda el material de esa primera etapa juvenil. Vistas hoy en día, cosas como The Loco-Motion, Better the Devil You Know e incluso la titular Step Back in Time suenan a piezas iniciáticas y perfectamente olvidables. Mucho mejor lo que vendría luego, con singles discotequeros como Breath o su aplaudido dueto con Nick Cave Where the Wild Roses Grow, también presentes aquí.

Reinando en los festivales

En estas últimas semanas hemos podido ver a Kylie Minogue en festivales como Glastonbury o Cruïlla Fest en Barcelona. Allí desplegó su repertorio con banda, al contrario que muchas de las artistas pop actuales que basan todo en las coreografías, apelando a la música pregrabada. Ahí, recurriendo a canciones como las mencionadas en estas líneas, se reivindicó como una cantante clásica en vida, con un repertorio para todos los públicos y a la que difícilmente se le puede mirar por encima del hombro. Todo lo contrario. El mito Kylie sigue deslumbrando.

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