Incombustible madurez

Actor, director, compositor, Clint Eastwood sigue cabalgando desde que Almería lanzó su carrera a golpe de disparos, silencios y miradas


No quedan muchos de su generación en activo. Ni delante ni detrás de la cámara. Y esto hace que cada historia que nos cuenta Clint Eastwood tenga cierto sabor a testamento cinematográfico. Y cuánto tendría que legar quien se forjó en Almería con un poncho, se hizo fuerte con una Magnum 44 en la mano, y se consagró como algo más que un pistolero precisamente dirigiendo ese magistral wéstern crepuscular que es Sin perdón. Ha vuelto con Mula, a sus 88 años, como director y protagonista. Ese rostro que gesticula tan poco pero expresa tanto ha resultado perfecto, en más de medio siglo de carrera, para interpretar personajes con trastienda, poco que decir y muchas sombras con las que lidiar, perdedores que se levantan para defender, con mejor o peor suerte, algo en lo que creen. Desde la trilogía del dólar de Sergio Leone al Harry el sucio de Don Siegel, pasando por Munny en Sin Perdón, el predicador del Jinete Pálido, el soldado de El Seductor, el entrenador de Million Dollar Baby, hasta llegar al Walt Kowalski de Gran Torino, su último gran papel, una suma de todos los anteriores.

detrás de las cámaras

El hombre que forjó su carrera a las órdenes de otros decidió empezar a dirigir (y a dirigirse) hace casi 50 años, con una cinta a reivindicar, Escalofrío en la noche. Antes de volver al género con Sin perdón, ya había rodado una del Oeste metafísica, si es que el wéstern puede serlo, con la fantástica El jinete pálido. A este republicano convencido se le ha criticado por la defensa de las armas, pero la madurez parece haber matizado ciertos tics. La visión de la guerra en Cartas desde Iwo Jima frente a Banderas de nuestros padres, el propio Kowalski de Gran Torino, parecen mostrar una visión menos maniquea, desde luego más sombría, que en cintas más simples como El francotirador o 15:17 tren a París. Rodó por última vez a las órdenes de otro realizador en En la línea de fuego, y no volvió a ponerse a las órdenes de un colega hasta que Robert Lorenz, que produjo y fue ayudante de dirección en varias de sus películas, se lo pidió en Golpe de efecto. Cuando se estrenó esta última, contaba que no había echado de menos ser dirigido por otros.

Es posible que, con los años, Eastwood se haya convertido en un género en sí mismo: el del tipo duro que dirige, actúa, compone la banda sonora y se va a su casa a preparar la siguiente. Porque ojo, hablamos mucho del ritmo de rodaje de Woody Allen y su obligada película anual. Pero el viejo Clint ha dirigido 16 películas desde el año 2000. Entre ellas, tres hitos como Mystic River, Million Dollar Baby y Gran Torino.

Apasionado de la música, solo un amante del jazz podía recrear la vida de Charlie Parker en Bird. Quién podría imaginar que esa misma delicadeza podía convertir al duro Harry en un icono romántico en Los puentes de Madison, capaz de exprimir a Meryl Streep en una de sus interpretaciones más recordadas. Y es que, actor antes que director, da una libertad a sus intérpretes que permite que se luzcan. Como Kevin Costner en la redonda Un mundo perfecto, Hillary Swank en Million Dollar, Sean Penn en Mystic River o Angelina Jolie en El intercambio. A todos parece contagiar la contención, ese interés por lo que no se dice. Lo que callan los personajes de las películas que dirige Eastwood es, muchas veces, más importante que lo que hablan.

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