Las otras editoriales: libros desde la periferia

Son benjaminas, intrépidas e independientes, ajenas por voluntad propia al «establishment» del sector. Su apuesta es firme: la calidad y la diferencia como anzuelo para ganarse al lector


Noble labor la de editar en tiempos convulsos y de hacerlo, además, sin un aparato amortiguador detrás. Saben de ello estas seis valientes, mínima muestra de todo un ecosistema editorial independiente que (sobre)vive en los márgenes, en el extrarradio. Menores, pero no peores (más bien al contrario) y muy ambiciosas, son garantía de calidad y, sobre todo, de singularidad. Minúscula, por ejemplo. Alude en su nombre a la caja baja porque prefiere «proponer libros sin recurrir a estridencias, casi en voz baja», lo que no significa que renuncie a construir un catálogo sólido y atractivo, interesado especialmente en la cultura europea y en «escritores que, en épocas decisivas, descifraron con extraordinaria sensibilidad el signo de los tiempos». Esto es lo que hacen desde el 2000; Valeria Bergalli, al frente, una mujer fascinante que si de algo huye es de la tiranía de la novedad. Publica sobre todo traducciones, colecciones muy cuidadas con diseño atractivo que ponen de manifiesto la hambrienta curiosidad de quien escoge sus títulos. Por ejemplo: La casa de 1908, un mundo «hecho de pequeñas cosas y grandes pasiones» a través de los ojos de Giulia Alberico.

Más cerca, Irmás Cartoné también se detiene en la traducción, pero al gallego y de todo tipo de obras de la literatura universal. Es el sueño hecho realidad -que no es cosa pequeña- de dos profesionales con larga experiencia en el sector, Celia Recarey y Carlos Valdés, «un pequeno proxecto humilde, independente e moi persoal», apuntan. «O que nos diferencia é a vontade de ser unha editorial de fondo, de obras cuxa lectura non estea limitada no tempo, senón que poidan ser desfrutadas por varias xeracións». Ahí está A virxe e o xitano de D.H. Lawrence o Orlando A señora Dalloway, de Virginia Woolf; Persuasión, de Jane Austen, y O Gozo das Damas, de Émile Zola.  «A nosa proposta é tan simple (ou tan complexa) como contribuír a que quen desexe ler en galego [también publican obras de voces de aquí] teña a súa disposición diversas obras doutros sistemas literarios». Los obstáculos que por su propia naturaleza deben sortear las editoriales independientes se multiplican exponencialmente cuando hablamos de sellos gallegos. «O reconfortante é o contacto directo co público lector, escoitar a súa opinión e descubrir que as veces acertamos». Esta conexión con el lector es precisamente el motor de la dinámica que sigue hoy Caballo de Troya.

Curioso hijo autárquico de Penguin Random House, fue fundado en febrero del 2004 por Constantino Bertoló, primer editor de autores como Marta Sanz o Ray Loriga, con la intención de descubrir, «sin ponerse límites», a los escritores del futuro. Las riendas de este animal de la preparación de textos cambian de manos cada año: su puesto de mando, asumido por alguna figura relevante del sector cultural, es itinerante. Desde el 2015 han sostenido la batuta desde Elvira Navarro hasta Alberto Olmos pasando por Lara Moreno, y hoy capitanean este interesante proyecto Luna Miguel y su pareja, Antonio J. Rodríguez, priorizando a autores nacidos a finales de los ochenta y en los noventa, a la no ficción y al compromiso social, al feminismo, a la experimentación y al lirismo. Buena prueba de ello son sus últimos lanzamientos, Game Boy de Víctor Parkas o Cambiar de idea, de Aixa de la Cruz.

«Hacemos lo que nos da la gana»

Dirty Works -«nos gusta el café cargado, el tabaco de liar, la cerveza, el bourbon y el vino tinto»- publica única y exclusivamente autores del sur de Estados Unidos, nombres que allí, en el underground americano, son muy conocidos, pero que aquí nadie ha escuchado nunca hablar de ellos. Su historias son crudas, proezas comunes de gente pobre que vive en pueblos pequeños, «todas las aventuras que les pasan por no tener un duro y vivir en ese cinturón bíblico del país donde el bien y el mal se mezclan constantemente, donde hay mucha religión, pero también son muy desfasados», explica Nacho Roig, mitad de este proyecto que, insiste durante toda la conversación, no publica nada que no le guste.

No acotaron por demanda; su especialización no responde a ningún estudio de mercado ni a una intención meditada de cubrir un nicho que, colateralmente, acaban abarcando. Lo hicieron simplemente porque era lo que les apetecía. «Hemos viajado un montón por esa zona y nos mola el tipo de música que se hace allí, así que fue más hacer lo que nos daba la gana, sin jefes ni nada». Javier Lucini y Roig son «colegas» de toda la vida. Este venía del mundo de los documentales y Lucini siempre había trabajado de traductor para otros sellos. «Llegó un punto en el que estábamos un poco hartos de trabajar para los demás y decidimos lanzarnos a la piscina con la editorial». Corría el año 2014. En el 2015, vio la luz ya su primer volumen, Trabajo sucio, de Larry Brown, un libro, como todos los que vendrían después, con tapas negras como el carbón y una característica ilustración en su portada que dio nombre a su particular proyecto.

Reconocen que el camino desde entonces no ha sido fácil, pero se les hincha el pecho cuando cuentan que cuatro años después pueden vivir de ello. «Nos da para pagar la cerveza, el alquiler y poco más, pero hacemos lo que queremos, no le damos explicaciones a nadie», vuelven a recalcar. Este 2019 publicarán un total de siete títulos -hasta ahora se ceñían a cuatro o cinco por año-. El Manifiesto Redneck es su gran hit -«va ya por su cuarta edición, cerca de 4.000 ejemplares vendidos, para nosotros un bestseller»-, pero toda su selección vale mucho la pena. ¿Una recomendación? Desguace americano, de Bonnie Jo Campbell.

Más mesurada y ceremoniosa, Impedimenta arrancó apostando por los considerados «clásicos», pero con el tiempo fue afinando el tiro. Desde hace ya unos cuantos años, esta editorial fundada por Enrique Redel arriesga con libros «imprescindibles», con vocación de perdurar en una sociedad de consumo rápido. Publican unos 20 títulos al año, con una estética muy mimada, exquisita y depurada. Y no ocultan sus intenciones: fabricar clásicos modernos. De las raíces siempre queda algo. La gallega Demo Editorial cierra esta modesta recopilación. Habla desde ella Manel Cráneo, artista multimedia -historieta, ilustración, cartelería y en la confección de storyboards-, activo faneditor y alma de este sello de «banda deseñada en lingua galega».

«Apostamos polo cómic en lingua propia e procuramos tratar tamén temas vencellados á nosa historia e cultura, deixando espazos tamén a outras temáticas como a ciencia ficción, temas sociais ou xénero negro». Este coruñés siempre ha afrontado la novela gráfica como un medio que no está aislado: «Traballamos utilizando o cómic como eixo e canle de comunicación en proxectos de arqueoloxía e historia, ecoloxía, deseño, publicidade ou marketing de empresa. Tocamos todos os sectores e temas que nos interesan valorando sempre que detrás haxa uns principios éticos e a defensa de temas sociais». Presume especialmente orgulloso de uno de sus títulos, Os Lobos de Moeche, que, dice, lleva cerca de 4.500 ejemplares vendidos -otro a tener en cuenta,  O tesouro de Lucio, de Mikel Belatz-, pero reconoce que el editorial es un terreno lleno de obstáculos. «Cada libro a editar é un reto a superar, mais aínda nunha sociedade na que todo o fomento da lectura que fagamos é pouco porque competimos coas marabillas tecnolóxicas».

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