«La favorita»: la esclavitud o el poder

Así es la película que compite con «Roma» en los Óscar


Como las anteriores obras de Lanthimos, The Favourite se despliega como descarnado juego de rol sobre las relaciones de dominación. Lo que ocurre es que en las soberbias Canino, Langosta o El sacrificio de un ciervo sagrado este duelo se debía a unas reglas de crueldad infinita, de sadomasoquismo innegociable aún más perturbador en tanto en cuanto sus leyes desconocían cualquier asidero al desarrollarse frente al espejo cóncavo que nos devolvía un esperpento sórdido e inaprensible.

En este sentido, La favorita es un Lanthimos mucho más dulcificado y digerible. Su pulso por el poder que será, a la postre esclavitud -esa tríada que conforman la reina Ana, su predilecta Lady Sarah y la arribista Abigail no está exento de vitriolo con ribetes negrísimos- pero frente al Lanthimos anterior es casi un excurso recreativo. Una trama de asalto al calor del trono de Inglaterra asumible por Hollywood y por un perfil de público más amplio.

SE RECONOCEN DOS CLÁSICOS

Así, en La favorita, sin que Lanthimos renuncie a cierta panoplia insana marca de la casa, se reconocen pautas de dos clásicos de la maquinación tan ortodoxos como Eva al desnudo y Las amistades peligrosas. Este combate de damas en el barro que mantienen Rachel Weisz y Emma Stone responde mucho a las leyes del relevo del filme de Joseph Mankiewicz.

Pero todo lo que en aquel era sutil codazo, en La Favorita, Lanthimos, fiel a su espíritu despiadado, lo escenifica como batalla carnívora, con su laberinto localizado en el sexo de la reina Olivia Colman. Ella, desde su aparente fragilidad, se lleva la parte de la leona como monarca a lo Alicia a la que solo falta declamar, mientras acaricia un conejo: ¡Que les corten la cabeza!

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