«La música debe ser un contrapoder»

Pocos músicos han retratado su tiempo con la lucidez y la poética del asturiano. Sin eludir nunca sus aristas. Su último disco, «Violética», es de lo mejor de su carrera


Traza el cancionero de Nacho Vegas (Gijón, 1974) un lúcido retrato social y político de su tiempo y otro emocional del individuo al que le ha tocado vivirlo. Salpicado de claroscuros, como el propio personaje. No podía ser de otro modo. Aun así se imponen con creces los momentos de excelsa brillantez. Entre ellos sobresale Violética, su generoso último disco. Dieciocho canciones en las que van asomando todos los Nachos Vegas que hemos ido conociendo.

-¿Qué es lo que tanto te fascina de Violeta Parra como para, de alguna manera, haberle dedicado este disco?

-Sus canciones hablan de la vida con una pasión brutal. Pero, sin dejar de ser íntimas, tienen una dimensión social importante. Y no hizo himnos ni panfletos. Hizo denuncia política con canciones que eran de amor. Esa doble dimensión me interesa mucho.

-No corren, sin embargo, buenos tiempos para la música asociada al compromiso.

-No entiendo por qué. La música popular siempre ha sido muy permeable a lo que sucede a su alrededor. Y creo que debe seguir ejerciendo de contrapoder. La directriz para la creación musical debe ser siempre libertad de expresión absoluta. Lo contrario es un holocausto.

-Musicalmente, «Violética» es el disco más variado de Nacho Vegas. ¿A qué se debe esta apertura?

-Tenía mucho repertorio y me tomé todo el tiempo necesario para tratar cada canción de manera personalizada y hacer que el disco tuviera muchos matices, que plasmara diferentes sensibilidades, diferentes maneras de entender la música y las diferentes influencias que he ido recogiendo a lo largo de los años. Entonces fue cuando me di cuenta de que podía ser un disco largo, porque era muy heterogéneo.

-Incluso te has atrevido con una cumbia...

-La cumbia me recuerda mucho al punk. Es muy rompedora y viene de los barrios. Intentando tocar una cumbia de un disco que me traje en un viaje me salió ese Todos contra el cielo.

-Al hilo de una de las frases que citas en tu canción «Ideología», ¿tienen ideología los festivales?

-Puede parecer paradójico, pero la ideologización de la cultura hoy se manifiesta en el hecho de haber despolitizado cualquier hecho cultural. Hoy se ve con malos ojos juntar en un festival la fiesta, la cultura y la política. Y a mí eso me parece bastante sano.

-Cada vez son más los artistas que están advirtiendo del peligro de que desaparezca el circuito de salas.

-Ese riego existe, es cierto. En los últimos años la música en directo la controlan de manera hegemónica los festivales. Los precios de los conciertos en las salas han crecido de una manera desproporcionada que no se corresponde con el nivel adquisitivo de la gente, sobre todo de la más joven. Por eso muchos prefieren ahorrar y esperar al festival en el que por ese dinero van a ver a muchos más grupos.

-En el disco hay dos canciones dedicadas a la lucha antifascista. ¿Quién iba a pensar que volvería a ser un tema de candente actualidad?

-Pues sí. Por eso digo que la música popular tiene el deber moral de recordar este tipo de luchas. Porque se nos vienen encima en el mundo. Lo vimos en toda Europa, lo vimos en Brasil y ahora la amenaza la tenemos ya aquí al lado. Ante eso la cultura no puede permanecer neutral. Tiene que posicionarse siempre contra la exclusión.

-¿Qué crees que diría Michi Panero si viese todo esto?

-(Se ríe) ¡Quién sabe! Pero seguramente haría algún comentario muy certero y mordaz. Sería muy interesante escucharlo.

-¿Es cierto que estuviste a punto de conocerlo?

-Sí, sí, estaba en Astorga y me lo iba a presentar un amigo periodista. Me advirtió que era un tipo muy imprevisible, que podía ser muy majo pero que de repente podía ponerse violento. Me acojoné y preferí no conocerlo. Cuando llegué a Gijón me arrepentí. Y a los pocos meses me llamó este amigo para decirme que había muerto. Por eso escribí la canción.

-¿Hay aún lugar para el optimismo?

-Tiene que haberlo, aunque sea con unas razonables dosis de escepticismo. Negar la esperanza no sitúa en una postura reaccionaria. Que nos es muy cómoda porque todos tenemos miedo a los cambios. Pero cuando son necesarios y urgentes, como ahora, todos tenemos que estar dispuestos a sacrificar ciertas cosas y perder ciertos privilegios. Pero bueno, eso significa el compromiso.

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