«Dibujar con el iPad me conecta con lo que hacían en Altamira»

Icono del diseño gráfico español, Javier Mariscal encabeza la legión de 200 artistas que este fin de semana participan en Santiago en el Encuentro Compostela Ilustrada


Convirtió la sencillez en subversión. Hoy confiesa que sin pretenderlo y sin ni siquiera ser consciente de ello. Su trazo semeja una herida. Un corte limpio y brota el color. Casi siempre plano, natural. Propio de una estética que roza lo naif pero que adquiere, precisamente en esa economía de gestos, una fuerza implacable. Capaz de transmitir un mensaje arrebatadoramente moderno y atronador.

No solo su firma, Mariscal, sino su muy particular impronta figura en algunos de los elementos icónicos del diseño gráfico español de las últimas décadas. Por ello y por seguir trabajando en lo que le gusta se manifiesta feliz y «un privilegiado», a pesar de que, reconoce, en los últimos años, y ahogado por deudas, su balance de cuentas no pasa por su mejor momento.

Estos días participa en el Encuentro Internacional de Cuadernos de Viaje Compostela Ilustrada dibujando en las calles de Santiago, ofreciendo una conferencia (Sorprender, fascinar, convencer) y presentando un libro.

-¿Reivindica el cuaderno de viaje en la era de Instagram?

-Yo no tengo redes sociales. Abrí una cuenta en Twitter pero no hacían más que insultarme. La cerré enseguida. El Facebook sí que lo mantuve más tiempo, pero también lo cerré. Y sé que en el estudio tienen un Instagram pero yo no sé ni que es eso. Vivo mucho mejor desde que no tengo redes sociales y no veo la televisión.

-¿Dibuja entonces allí donde va?

-Siempre siento la necesidad de dibujar. Pero ya ni siquiera hace falta que vaya. Estos días he estado dibujando Santiago [la ilustración que acompaña estas líneas es una de ellas] gracias al coche ese de Google que te lleva por las calles. Es acojonante.

-¿Es Santiago una ciudad atractiva para dibujar?

-Mucho. Tiene ese encanto mágico de la piedra vieja. Y una luz que no tiene nada que ver con la que tenemos en el Mediterráneo.

-¿En qué medida a alterado la abrumadora tecnificación digital el trabajo del diseñador gráfico?

-Ha simplificado determinados procesos pero detrás de ellos siempre está la mano del artista. Me irrita que me pregunten si una obra está hecha a mano. ¡Todas están hechas a mano! Aunque haya utilizado el iPad. No hay ninguna aplicación que le digas dibújame un árbol y a la derecha la catedral y que te lo haga. Sea sobre una pantalla o sobre un papel lo dibujo yo. En ese sentido dibujar con el iPad me gusta mucho porque dibujas con los dedos, me conecta con lo que hacían nuestros antepasados en Altamira.

-¿No cree que la democratización del diseño gráfico -hoy cualquier chaval con un equipo informático puede hacer maravillas- lo ha devaluado?

-No. Creo que esa democratización es fantástica. Insisto, el arte no está en la herramienta.

-De todas las mascotas olímpicas de las últimas décadas Cobi es la que mejor ha envejecido. ¿A qué cree que se debe?

-A tu memoria emocional. Para los españoles Barcelona 92 y, de alguna manera también, Cobi supusieron situarnos por fin en el mundo.

-Pero yo le hablo desde el punto de vista estético. ¿Quizá el que fuese tan rupturista en su momento le ha permitido mantenerse vigente?

-No lo sé. Yo no voy al psiquiatra ni psicoanalizo mis creaciones. Pero si crees que es así te lo agradezco.

-Hace tres años reconoció estar en quiebra. ¿Por qué no fue capaz de mantener su estudio?

-Porque nunca me he llevado bien con los números. Pero soy feliz. Tengo algunos grandísimos clientes que siguen confiando en mí y que me permiten vivir de lo que me gusta. No puedo decir que no soy una persona afortunada.

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