Abel Pintos: «Es necesario mirar a los ojos del público»

Esta estrella de la canción argentina vuelve a desembarcar en este país en busca no de la fama, sino en la procura de una conexión con un nuevo público

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Quizás no les suene el nombre de Abel Pintos, pero es más que probablemente, el artista y compositor más afamado ahora mismo en las tierras argentinas. Su música, a camino entre la canción de autor y el pop, le ha valido para ganarse a una nación que busca verse reflejada en sus letras. Su carrera comenzó siendo tan solo un niño, cuando Raúl Lavié lo escuchó cantar y quedó maravillado. Al día siguiente contactó con el productor Pity Iñurrigaro para que lo escuchara. Presente un Abel preadolescente en las oficinas, su voz comenzó a salir de altavoces para luego seguirle un profundo silencio. Los allí presentes le preguntaron que quién era. En un arranque de ingenio y confianza, el argentino respondió que solo era un chico que amaba la música.

-¿Hay cierto «déjà vu» cuando uno lleva su música a otro país que no es el suyo? Una especie de volver a erigir cimientos, o de plantar semillas para luego recoger sus frutos.

-Cuando yo empecé a hacer música con 11 años solo soñaba con tener el espacio y la atención que me brindaran para poder hacer lo mío, lo que me hace verdaderamente feliz: cantar. Han pasado muchos años, pero el motivo por el que hago música sigue siendo el mismo. Es como un ejercicio emocional dar un concierto. Es una cuestión de contextos. Puede que ahí sí, aparezca esa sensación de déjà vú, volver a dar conciertos en salas pequeñas que de un tiempo a esta parte no es lo habitual para mí pero… No porque haya dejado de serlo genera una incomodidad, todo lo contrario. Es maravilloso para mí que un país me brinde espacio y atención.

-¿Qué ha aprendido en ese regreso a las salas de menor aforo?

-Las salas, según como sea cada una, brinda diferentes posibilidades, diferentes formas conceptuales de hacer un concierto. En esta gira llevaremos a cabo un formato que hacía mucho que no abordábamos y que es algo muy divertido artísticamente. Es un desafío a la hora de reinterpretar las canciones. No hablemos, claro, de la consabida intimidad y cercanía que propone alguna de estas salas para con el público, que en los primeros encuentros es fundamental. Es necesario mirar a los ojos del público que te está conociendo.

-Cuando su carrera cumplió 22 años hizo una fiesta de aniversario en el River. Fueron 40.000 personas. Se dice rápido, pero es inmenso.

-Uf… Ya lo creo. Fueron dos conciertos muy simbólicos. Sentí que yo llegaba a ese estadio por el público y gran parte de este también estaba llegando por primera vez para acompañarme a mí. La emoción fue, en todos los órdenes, compartida. Nunca la cifra de la convocatoria fue protagonista, sino que lo fue la emoción que sentíamos todos de estar ahí. Fue algo importante.

-Mucho se habla de su conexión con el respetable, ¿tiene algún secreto? ¿Alguna fórmula?

-En general, a mí se me da mejor dar una buena primera impresión tras una conversación que solo por lo estético. Me explico: si entro en un salón no creo que te llame la atención de inmediato por mi figura, pero estoy convencido que si hablamos cinco minutos tengo las herramientas suficientes para hacerte saber quién soy como ser humano. Con la música me pasa lo mismo. No es un secreto, pero yo canto buscando eso, necesito que el público me escuche. Quiero construir una relación, en Argentina llevo 23 años haciéndolo. Aquí empezamos ahora.

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