Él tiene la piedra filosofal

El ex Beatle publica su primer disco desde el 2013, «Egypt Station», una radiografía de su carrera musical y una demostración de que sigue vivo, musical y personalmente

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No son pocas las historias de ficción en las que sus protagonistas buscan un elemento alquímico de corte legendario: la piedra filosofal. Esta sustancia podría convertir el plomo en oro o plata y, según qué versión, también se relaciona con un posible conductor hacia la elaboración de un elixir de la vida, de carácter regenerativo o, incluso, ligado a la inmortalidad. ¿Qué por qué este cuento chino si aquí se ha venido a hablar de Paul McCartney? Porque es incomprensible entender el nuevo disco del ex Beatle sin pensar que el genio británico está en posesión de una piedra filosofal; y que ello le ha conferido una admirable fortaleza para poder seguir asaltando los estudios de grabación y comprobar que, cuarenta y ocho años después de su primer disco en solitario, sigue en pie de guerra, irguiéndose como un multiinstrumentista singular, un compositor nato.

McCartney acaba de publicar Egypt Station. Se trata de su decimoctavo disco y suena fresco, vital. Al menos así se muestra el inglés, que en los últimos tiempos ha saltado a la actualidad pública en variadas ocasiones. A principios del verano, por ejemplo, a raíz de un entrañable Carpool Karaoke (conocida sección del The Late Late Show with James Corden) recibió su dosis de viralidad y mostró a un Paul amable, cercano, lleno de humor a sus 76 años, hablando de su pasado, presente y futuro.

Desde hacía un par de días, el ex Beatle se paseaba por Nueva York. Los que lo conocen bien sabían o al menos intuían que algo tramaba por la Gran Manzana. Tras unas cuantas apariciones en la radio y las televisiones locales, este ofreció un concierto sorpresa en uno de los laterales de la Grand Central Station. Incombustible, el espectáculo se retransmitió minutos después por YouTube. ¿Qué mejor escenario para presentar su nuevo disco que una estación en continuo tránsito?

Un legado vigente

En esa presentación neoyorquina, el ex Beatle interpreta Blackbird en medio de un mar de cabezas que lo atienden. Es el símil perfecto para su carrera. Miles de ojos atentos a su persona, casi esperando una señal, cual religión o acto de fe, aguardando el momento en el que arranca con una canción. Icono de un tiempo y de dos siglos, a falta de uno, con un legado vigente hoy y mañana.

Egypt Station es una radiografía musical de McCartney. Una especie de salida exprés hacia delante, en vez de hacia la melancolía del pasado, que Paul no abandona nunca, y sigue llevando en su estandarte cuando recorre el mundo, pero que a la vez demuestra que es capaz de continuar vivo, musical y literalmente. Es su primera aventura discográfica desde el 2013.

Impregnado en un sonido contemporáneo, Paul investiga melodías y texturas sin demasiado miedo. Cada tema quiere ir a un sitio diferente, y el británico, que ha grabado con sus propias manos buena parte material que el oyente escucha, se lo permite. Hay muy pocas puertas cerradas en las casi veinte canciones que componen esta obra. Se juega con la instrumentación, sea acústica o eléctrica, guitarrera o pianística, con tiempo para la balada o el rock basado en riffs.

Quizás sea Egypt Station la piedra filosofal de McCartney. Quizás sea ese el elemento alquímico que lo mantiene no solo con vida, sino imparable. Quizás sean las canciones, las nuevas canciones la que lo mantienen inalterable al tiempo.

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