El ser humano detrás del camaleón

Tras el inesperado éxito de su biografía ilustrada de Frida Kahlo, con más de 30.000 ejemplares vendidos, María Hesse repite el modelo con David Bowie, aunque esta vez no ha escrito el texto, que corre a cargo de Fran Ruiz. Un recorrido íntimo por la vida y la obra de uno de los artistas más influyentes de los últimos tiempos

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«Soy el comandante Tom. Soy Ziggy Stardust. Soy el Delgado Duque Blanco. Soy un extraterrestre. Soy el rey de los Goblins. Soy el Hombre Elefante. Soy ‘el moribundo que no puede morir’. Soy el hermano del replicante. Soy Lázaro. Soy el hombre que carga con una estrella negra sobre sus hombros. Soy la propia estrella negra. Soy todo aquello que no seas capaz de imaginar». Así se define David Bowie en la biografía ilustrada por María Hesse y escrita por Fran Ruiz, en la que dan la palabra al camaleónico artista londinense para que cuente su vida en primera persona. Los autores ahondan en su compleja personalidad, recurriendo en ocasiones a la imaginación, en un ejercicio en el que los dibujos y los textos, la realidad y la ficción, se complementan armónicamente para permitir al lector adentrarse en el ser humano que tuvo grandes éxitos como artista, pero también etapas personales muy oscuras, y que murió en enero del 2016 a los 69 años. «Fueron los días más oscuros de mi vida, y creo que estaba tan hundido en la miseria que recordarlo es casi imposible por el dolor que me produce», asegura el cantante en el libro refiriéndose a los años en que padeció los efectos de la cocaína. Uno de los momentos más dramáticos es cuando a su hermanastro Terry, con el que estaba muy unido, le diagnostican esquizofrenia, la «maldición familiar» como la llama Bowie, y su posterior suicidio. Marca un antes y un después en su vida. En buena parte, su obra es un intento de entenderlo y explica sus desdoblamientos de personalidad», señala Ruiz.

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Bowie no solo fue un cantante y compositor extraordinariamente creativo, un actor sorprendente, sino también un artista que dejó marcada su impronta a partir de los años 70. Su forma de vestir, interpretar, moverse en el escenario, reinventarse creando nuevos personajes a partir de sí mismo, le han convertido en un icono de la cultura popular. Pero si el inimitable creador de temas como Starman o Space Oddity, el músico que ha vendido 136 millones de discos, sigue siendo un fenómeno de masas del que se ha escrito hasta la saciedad, David Robert Jones, su nombre auténtico, es aún un enigma, que Hesse y Ruiz tratan de desvelar.

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En esta ocasión, la ilustradora, que también escribió el texto de Frida. Una biografía, prefirió centrarse en los dibujos y recurrió a Ruiz, profesor de Geografía e Historia y fan declarado del cantante, para que se ocupara de las palabras. «Tuve que ponerme en la piel de la persona David Robert Jones para entenderlo y comprender lo que le pasaba por dentro, las circunstancias personales que le fueron llevando a tomar decisiones a lo largo de su vida», señala Ruiz. Una tarea complicada, no solo por la necesidad de condensar su vida y su obra en un espacio limitado, sino porque el cantante era reacio a hablar de su vida privada, un maestro del artificio y la ocultación. «Existen muchos Bowies pero solo un David Robert Jones, lo que van cambiando son sus motivaciones, el juego era entender al hombre que había detrás de todas esas facetas de él que conocemos», asevera Ruiz. Para lograr su objetivo, los autores eligieron un formato que mezcla pasajes de su vida real con elementos fantásticos, lo que, según Ruiz, «es muy coherente porque su obra va de eso, es un representante de la posmodernidad, consciente de que lo que tenemos son muchas versiones de la realidad». Hesse señala que «imaginamos cómo se sentía en determinados momentos» y añade que «nuestro Bowie es más íntimo del que estamos acostumbrados, porque hemos jugado a desvelar su vida privada, inventando a partir de los hechos», explica. «He descubierto a una persona que vivía en la insatisfacción constante, que convirtió en el motor de una obra artística inconmensurable», asegura Ruiz. «Tenía una capacidad de reinvención continua, ser camaleónico le permitía evolucionar y no estancarse como otros artistas», afirma Hesse. «Lo de crear un personaje de sí mismo lo aprendió de Warhol, pero no creó uno solo, sino muchos, y consiguió que ninguno le invadiera completamente su personalidad», dice Ruiz. Hesse añade que Bowie «tiene una imagen muy potente y da mucho juego por sus variadas facetas», y considera que una ilustración «nos puede decir más de él que una fotografía». «Su obra es como una explosión de color», señala Ruiz, que le califica como «el Mozart del siglo XX» y resalta que «logró plasmar el mundo en el que vivió, lo que muy pocos artistas consiguen».

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