Sí, Mick Jagger ya tiene 75 años

Es uno de los grandes iconos del rock, líder de la banda más longeva del planeta. Tras cumplir los 75 años analizamos la figura del cantante de los Rolling Stones, un auténtico superviviente, en el que encontramos tantas luces como sombras... y muchas arrugas.


Los músicos ingleses suelen ser víctimas al llegar a cierta edad de un fenómeno que podríamos llamar el mal de la abuela Pauline y cuyo máximo exponente quizás sea Paul McCartney. Y es que con los años se les pone cara de señora inglesa, de manera que a los que en su momento fueron aguerridos roqueros, si les pones un sombrerito con una flor, están exactos a la reina de Inglaterra en Ascott. Anda por la red un meme en el que se ve a Ron Wood y Paul Weller juntos sobre un texto que pide ayuda para esas dos desvalidas abuelitas. El principal candidato a padecer este curioso mal, sin embargo, se ha librado milagrosamente de sus devastadores efectos. Mick Jagger, con los 75 años recién cumplidos el pasado 26 de julio, es probablemente el músico que lleve con mayor dignidad las marcas del tiempo de toda su generación. Y eso que por su histrionismo y por esos rasgos tan suyos apuntaba maneras.

Lo que no ha sabido sobrellevar tan bien el cantante de los Rolling Stones es su propia leyenda. De alguna manera, el ídolo de masas se fue oscureciendo con el tiempo y dejó de caer simpático. Cuesta entender los motivos por los cuales el tipo más molón de la historia del rock ha terminado por convertirse con los años en uno de los villanos de la industria musical o, al menos, en alguien a quien de alguna manera da gustito odiar. Puede que sea por contraposición a su hermano de correrías musicales, Keith Richards. El guitarrista sí ha llegado a ser la más nítida representación de lo que es el rock and roll. Se las ha ingeniado, en primer lugar, para no morir a pesar de merecerlo más que nadie en el mundo. Y por otro lado ha logrado convencer al universo entero de que él es el tío más auténtico que ha dejado la cultura popular del siglo XX. Es imposible no querer a este viejo chalado. Y frente a esto, Mick es el usurero que se mueve solo para engrosar sus abultadas finanzas, no por su pasión por el blues. Cuánto hay de cierto en estas posturas tan maniqueas es algo que solo los protagonistas saben.

Lo que sí que es cierto es que este enfrentamiento amistoso que mantienen los glimmer twins no siempre tuvo un carácter tan agrio. Este duelo entre ambos músicos, que va ganando Richards por goleada, es algo relativamente reciente, entendido esto en términos temporales de los Stones. Según recoge Victor Bockris en su Biografía Desautorizada de Keith Richards, el que fue mánager de gira de la banda en los primeros años setenta, Peter Rudge, aseguraba que, por aquel entonces, « estoy seguro de que Mick moriría por Keith, y creo que Keith moriría por Mick». Hasta ahí llegaba la complicidad entre ambos en una de las épocas más convulsas de sus vidas, marcada por la persecución que sufrían por parte de la policía en las aduanas de todo el mundo, la del fisco de su país y los follones de faldas dentro del grupo.

Hay quien cita el origen de estos desencuentros en el rodaje de la película Performance, en la que Mick Jagger tuvo al parecer algo más que escenas amorosas con Anita Pallenberg, la bellísima novia de Richards. Pero el propio guitarrista citaría la década de los ochenta -cuando Jagger quiso lanzar su carrera en solitario y se codeaba con lo más granado de la jet set británica- como la época en la que «Mick empezó a resultar insoportable». Así lo dice en el inicio de uno de los capítulos de Life, la autobiografía que levantó ampollas entre ambos y en la que llamaba al cantante Brenda y hacía explícitas alusiones al escaso tamaño de su miembro viril. Que se quedó a gusto, vamos. Tras la publicación de este libro, Keith tuvo que pedir disculpas públicamente a Mick antes de empezar al gira de 50.º aniversario de la banda.

Ese Mick sereno, el hombre de negocios gracias al cual las cuentas del resto de los Stones siguen creciendo y que ah terminado siendo nombrado caballero del Imperio Británico poco tiene que ver con el gamberro que simbolizó la rebeldía en estado puro allá por los sesenta y setenta. Quizá fuese el concierto de Altamont, en el que los Ángeles del Infierno que se ocupaban de la seguridad del mismo mataron a un joven, el punto de inflexión en la vida del cantante. Se acabaron por esa época las drogas y surgió el economista y el tipo responsable que cogió las riendas de los Rolling Stones y veló por los intereses de la marca, cosa que sigue haciendo.

Pero hay algo que hay que reconocerle a Mick Jagger, y es que, al margen de que hace años que no encuentra un peluquero que le coja el punto, el tío está de miedo. Su trabajo le cuesta, que andan rondando por Internet unas imágenes con las rutinas de entrenamiento a las que se somete diariamente y no están estas al alcance de la mayoría de los mortales que tienen la mitad de años que él.

Tiene ocho hijos reconocidos de sus relaciones con Marsha Hunt, Bianca Jagger, Jerry Hall, Luciana Giménez y la bailarina Melanie Hamrick, esta última, madre de Deveraux, el último vástago del cantante que tiene poco más de un año. El último, por ahora. Porque tal y como están las cosas todo parece indicar que tenemos Mick Jagger para rato. Veremos lo que aguanta Keith.

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