Fuego y Hielo en la catedral

TEXTO: PAULO ALONSO

FUGAS

Prosport

McEnroe y Borg tejieron una rivalidad de época. En Wimbledon elevaron en 1980 su pulso a la categoría de arte, una final convertida en película que llega el próximo viernes

11 may 2018 . Actualizado a las 11:16 h.

¿Te has vuelto loco?» En el 2006, John McEnroe era el cuerdo de la vieja rivalidad con Bjorn Borg. Así que descolgó el teléfono y llamó al tipo con el que había matenido uno de los enfrentamientos más auténticos de la historia del tenis para convencerlo de que no subastase sus trofeos de Wimbledon. La vida había dado tantas vueltas que el sueco tocaba fondo otra vez. En la pista, el pulso entre ambos había durado cuatro años, 14 encuentros oficiales y unos cuantos bolos entre 1979 y 1981. «Fuego y Hielo» se bautizó aquello. Algo más que tenis entre dos iconos pop. Una historia que alcanzó su pico de tensión dramática en la final de Wimbledon de 1980. Tanto que la historia -y las complejas vidas que hay detrás del póster- se hicieron película (Borg vs McEnroe), en cines desde el viernes día 18 en España. El debut en un largometraje del sueco Janus Metz. Aquel partido en la catedral estuvo considerado como el más bello de todos los tiempos. Hasta que Nadal y Federer, otros dos antagonistas de época, también tan distintos pero cercanos, elevaron su deporte todavía un escalón más en el 2008.

Había menos admiración mutua, pero más naturalidad en aquellos enfrentamientos entre Borg (Estocolmo, 1956) y McEnroe (Wiesbaden, Alemania, 1959). El sueco había llegado antes para revolucionar el tenis desde la técnica hasta la estética. Con aquel revés a dos manos apenas visto, los efectos y la potencia de su juego, y también por la cinta en el pelo, los collares, la melena al viento... Un héroe romántico, frío y cerebral en la pista, quebradizo fuera. El hombre de hielo. Con semejante cóctel ensanchó las fronteras del espectáculo, enamoró a las audiencias y le llovieron premios y patrocinios. El primer tenista en ganar más de un millón de dólares en un año solo por torneos.

Algo después irrumpió McEnroe. Con un tenis más clásico y sutil, pero con un carácter volcánico en la pista. Roquero y cervecero fuera, carismático siempre. El Fuego de la rivalidad con Borg. Una rebeldía que se convirtió en una marca, con arrebatos como el que protagonizó en 1981, también en Wimbledon, cuando le protestó a un juez de silla su célebre «¡No puedes estar en serio!». La frase se repitió como el eco en anuncios publicitarios, camisetas y hasta en el título de la autobiografía de BigMac.