Fuego y Hielo en la catedral

McEnroe y Borg tejieron una rivalidad de época. En Wimbledon elevaron en 1980 su pulso a la categoría de arte, una final convertida en película que llega el próximo viernes


¿Te has vuelto loco?» En el 2006, John McEnroe era el cuerdo de la vieja rivalidad con Bjorn Borg. Así que descolgó el teléfono y llamó al tipo con el que había matenido uno de los enfrentamientos más auténticos de la historia del tenis para convencerlo de que no subastase sus trofeos de Wimbledon. La vida había dado tantas vueltas que el sueco tocaba fondo otra vez. En la pista, el pulso entre ambos había durado cuatro años, 14 encuentros oficiales y unos cuantos bolos entre 1979 y 1981. «Fuego y Hielo» se bautizó aquello. Algo más que tenis entre dos iconos pop. Una historia que alcanzó su pico de tensión dramática en la final de Wimbledon de 1980. Tanto que la historia -y las complejas vidas que hay detrás del póster- se hicieron película (Borg vs McEnroe), en cines desde el viernes día 18 en España. El debut en un largometraje del sueco Janus Metz. Aquel partido en la catedral estuvo considerado como el más bello de todos los tiempos. Hasta que Nadal y Federer, otros dos antagonistas de época, también tan distintos pero cercanos, elevaron su deporte todavía un escalón más en el 2008.

Había menos admiración mutua, pero más naturalidad en aquellos enfrentamientos entre Borg (Estocolmo, 1956) y McEnroe (Wiesbaden, Alemania, 1959). El sueco había llegado antes para revolucionar el tenis desde la técnica hasta la estética. Con aquel revés a dos manos apenas visto, los efectos y la potencia de su juego, y también por la cinta en el pelo, los collares, la melena al viento... Un héroe romántico, frío y cerebral en la pista, quebradizo fuera. El hombre de hielo. Con semejante cóctel ensanchó las fronteras del espectáculo, enamoró a las audiencias y le llovieron premios y patrocinios. El primer tenista en ganar más de un millón de dólares en un año solo por torneos.

Algo después irrumpió McEnroe. Con un tenis más clásico y sutil, pero con un carácter volcánico en la pista. Roquero y cervecero fuera, carismático siempre. El Fuego de la rivalidad con Borg. Una rebeldía que se convirtió en una marca, con arrebatos como el que protagonizó en 1981, también en Wimbledon, cuando le protestó a un juez de silla su célebre «¡No puedes estar en serio!». La frase se repitió como el eco en anuncios publicitarios, camisetas y hasta en el título de la autobiografía de BigMac.

Pero volvamos al partido. A la película. Doce meses antes de la escenita, McEnroe pisaba la catedral como la sensación del momento, vigente campeón del US Open. Ya en su partido de semifinales contra Jimmy Connors había liado una buena bronca contra los jueces de línea. Así que un abucheo acompañó su salida a la central, la pista más elegante y educada del planeta. Borg intentaba ser ajeno al ruido. Bastante tenía con soportar la presión interior. Podía convertirse en el primer tenista en ganar cinco títulos seguidos en Wimbledon, lo nunca visto.

Jugaron la final como subidos a un balancín, por sus estilos, por sus caracteres, por la división del público, por el marcador. Con dos sets a uno a favor de McEnroe, el cuarto describió uno de los momentos más tensos de la historia del tenis. Cinco puntos de partido levantó Borg en un tie break que duró 20 minutos y se estiró hasta un 16-18 que llevó el desenlace a la quinta manga. Sin ceder ya más su servicio, el sueco sentenció 8-6.

Aquella tarde en Londres elevó su rivalidad para siempre. Aunque tuvo más capítulos jugosos. La temporada siguiente, McEnroe se tomó su revancha en el All England Club. Cortó en la final la racha de 41 victorias seguidas de Borg en Wimbledon y lo volvió a amargar luego en el partido por la copa del US Open. La cuarta final seguida del sueco en Nueva York terminó como siempre, con derrota, pero acabó en huida a la carrera hacia el aeropuerto, sin esperar ni a la entrega de premios. El frío Borg era más vulnerable de lo que parecía. No mucho después, se retiró con 26 años y el entonces récord de 11 grand slams. Nadie insistió más que McEnroe para intentar convencerlo para que continuase.

Con Sverrir Gudnason (Wallander) en la piel de Borg y Shia LaBeouf (Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal) como McEnroe, el largometraje fue reconocido mayoritariamente por la crítica y recibió el premio David di Donatello a la mejor película de la Unión Europea en el 2017. La cinta toma el relevo de otro notable título sobre el tenis del último tercio del siglo pasado, La Batalla de los Sexos, que se estrenó el pasado año en España. El relato del duelo que mantuvieron en 1973 el ya extenista Bobby Riggs, a los 55 años, y la carismática Billie Jean King, de 29, y que reunió a más de 50 millones de estadounidenses delante de la tele. Porque el tenis no termina en Nadal y Federer.

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