Arco 2018, el futuro era esto

La presencia gallega en esta edición de Arco es bastante escasa. Solo dos galerías y no más de diez artistas confirman la gran debilidad de la periferia en una feria que este año está dedicada al Futuro como concepto. El futuro parece tan radial como nuestro mapa de carreteras


Todo empezó con una llamada del presidente del Ifema para sugerir la retirada de una obra de Santiago Sierra. Él pensó que estaba siendo un buen represor pero en realidad se estaba comportando como un mejor colaboracionista. Luego se disculpó como un rey emérito y la pieza quedó completada. Deberían firmarla los dos.

El desafortunado sainete desató muchas voces contra la censura. Todas ellas razonables y necesarias. Me gustaría saber no obstante qué opinan los creadores de países donde ejercer su práctica artística les puede costar la vida. Somos un país de tertulia. Pero se ha trasladado de los cafés al sumidero de la red. Se ha trasladado más la cháchara que la lucidez.

El futuro está enmoquetado de verde. Las comisarias y el diseñador querían hacer una cosa tectónica y telúrica, haciendo desaparecer los estands para mejorar la libre circulación. Pero les salió un minigolf. Para ser honestos este chascarrillo no es mío, circulaba por los pasillos del arte, siempre proclives a la demolición. De todas formas el futuro se parece mucho al pasado y todos los años se dice que Arco es más de lo mismo. Lo que pasa es que con frecuencia nos gusta lo mismo. Los artistas conceptuales ahora quieren pintar y los artistas emergentes quieren hacerse mayores. Un pequeño bodegón de Morandi es el futuro.

La presencia gallega es bastante exigua en esta edición. En Formato Cómodo domina espectacular la obra de Carlos Rodríguez-Méndez (Pontevedra 1968), que aún no puede creerse que los fuegos de este verano en As Neves arrasaran el almacén donde guardaba quince años de producción artística. Piezas míticas como Encajar una escultura que ocupó en su día el doble espacio del CGAC. Él se lo explica desde la mitología y el humor: la fatalidad tomando la forma de un oscuro dragón lo redujo a cenizas y no hay nada que se pueda hacer. Seguro que Rodríguez-Méndez será capaz muy pronto de convertir tragedia y determinismo en relato. Y en belleza. Por lo pronto la escultura en la feria aunaba sutilmente fragilidad y monumentalidad. Tenía un cierto sabor clásico que apelaba al trabajo de Christian García Bello (A Coruña, 1986), enredado en la intimidad de su personal románico. Las paredes de sus papeles sudan barniz holandés. Su obra crece y crece en potencia narrativa.

Mención especial merece Kiko Pérez (Vigo, 1982), ganador del II Premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente. Sus baldosas hidraúlicas son de una dulzura exquisita. El arabesco ensordecido por una mirada mínimal, esencial. Hay una gran madurez en un artista que no necesita frases largas para hacerse oír.

Álvaro Negro (Lalín, 1973), actualmente becado en la Academia de Roma, presentó una arpillera en la que la pintura es arrastrada en un franjeado negro y la pincelada es rastro y huella. La tela de saco detiene la mancha, la fija antes que el pintor. Escribe un texto paralelo a la mano mueve el pincel. Buena pintura.

Lois Patiño (Vigo, 1983) tenía un vídeo en la catalana Rocío Santa Cruz. Si te sentabas delante de la pantalla la feria desaparecía unos instantes. Eso es de agradecer. La obra de Leiro (Cambados 1957) demuestra que otro arte político es posible. Desde las vísceras. La tragedia de Alepo contada desde Cambados. Sin ocurrencias. Dejando que hable la madera.

Las galerías viguesas Bacelos y Pm8 se mantienen con solvencia y en Bacelos reaparece Ángel Núñez, artista multidisciplinar que desarrolló en Vigo gran parte de su trayectoria. Ahora pinta.

La presencia gallega se completa con el digital Latamuda y la revista Dardo, en su decimotercera presencia en Arco. Muy meritorio para una revista en papel, cuando el papel está en franca retirada. El futuro también es la resistencia.

1 En la galería Formato Cómodo la pieza de Carlos Rodríguez-Méndez dialoga con la obra más reciente de Christian García Bello.

 

 2En F2 el gran cuadro de Álvaro Negro comparte espacio con Jacobo Castellano y Lluis Hortalá.

3 Un cuadro de Diango Hernández en la viguesa Pm8.

4El artista vigués Jorge Perianes, fiel a su cita con la galería madrileña Max Estrella. En la foto, una obra suya.

5Kiko Pérez posa con sus baldosas hidraúlicas con las que obtuvo el II Premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente.

 6 La viguesa Bacelos presentaba una potente escultura de la artista argentina Luciana Lamothe

7 Ángela de la Cruz, en la galería Helga de Alvear.

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