El último brillo de la gran estrella Daniel Day-Lewis

Su último papel, el del modisto Reynolds Woodcock en «El hilo invisible», puede ser el colofón perfecto para la carrera de un actor que prepara obsesivamente sus personajes

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Otros lo han dicho antes y en esas siguen… Están los casos recientes de Gene Hackman en 2004 (con dos Oscar, uno secundario, y apenas cumplidos los 75) o de Jack Nicholson (con tres Oscar, dos principales, y 73 años), pero el londinense Daniel Day-Lewis anuncia que se va a sus 60 relucientes tacos y con tres Oscar principales por Mi pie izquierdo (1989), Pozos de ambición (2007) y Lincoln (2012). Fue al finalizar este rodaje cuando se tomó un quinquenio sabático a rajatabla. Su amigo Paul Thomas Anderson, que le había brindado el papel en Pozos de ambición, le convenció para encarnar al modisto Reynolds Woodcock en El hilo invisible, y dejar su granja irlandesa de County Wicklow, donde convive con su segunda esposa, la actriz Rebecca Miller. Lo de Irlanda es porque Sir Daniel Day-Lewis tiene esa nacionalidad desde 1993.

Se inició en 1971 con una breve aparición en Domingo, maldito domingo para John Schlesinger, y desde entonces suma treinta filmes en una intensa carrera. De sólida base teatral, fiel al método, se prepara con obsesión casi enfermiza, tomándose también largos períodos de descanso entre rodajes.

Es un apasionado de la ebanistería, muy celoso de su vida privada, tímido e introvertido, llegó a interesarse por la manufacturación de zapatos. Su 1,87 de figura desgarbada le ayudó a interpretar personajes inolvidables, no solo los de sus Oscar, y en especial el de Lincoln, para el que se leyó un centenar de obras y siguió el rastro vital del mítico presidente.

También el de Bill El Carnicero para Scorsese en Gangs of New York (2002). De haber sido otro quien anunciase su adiós, le recordaríamos lo de «nunca digas nunca jamás», pero tratándose de este perro verde, el adiós es para siempre.

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