La América sin héroes de Thornburg no difiere demasiado de la de otro escritor olvidado: Rudolph Wurlitzer (Cincinnati, Ohio, 1937), solo que la óptica de este no se entiende sin el humor, que tiñe las lentes deformantes con que trata la realidad que lo rodea -y la delirante inmersión de su propio yo en ese magma-. El relato de Nog (1968) incluso parte también de la costa californiana, pero sus caminos torcidos fueron trazados por un pincel impregnado en las tintas más bizarras de Burroughs, Kerouac o Beckett. El irlandés está especialmente presente en Nog, un clásico de la cultura underground y la primera novela de quien es bisnieto del emigrante alemán que fundó en 1853 en Cincinnati la compañía Wurlitzer (pionera en fabricación de órganos y jukebox), y del que heredó nombre y apellidos. La voz narradora -quién sabe si la del lisérgico protagonista o la de su alter ego Nog, o viceversa- encierra evocaciones de los mundos beckettianos de Mercier, Camier, Molloy, Malone... e incluso Godot, porque su onírica deriva, gestada en el desierto californiano, una auténtica road movie de apegos posmodernistas, es tanto una espera o una búsqueda como un intento de desaparición, de disolución. El rescate de Wurlitzer -la edición de Nog por Underwood coincidió con la de Zebulon, su 5.ª novela, por Tropo- deja un soplo de aire caliente propio del wéstern crepuscular con el que el autor comulgó como guionista en sus trabajos para Alex Cox (Walker) y Peckinpah (Pat Garrett y Billy el Niño). En otra vuelta de tuerca sobre Thornburg, es bueno apuntar que, aunque sin acreditar, Wurlitzer colaboró en el libreto de El regreso, de Hal Ashby, filme insoslayable cuando se aborda el impacto de Vietnam en la sociedad estadounidense.
«NOG»
AUTOR RUDOLPH WURLITZER
TRADUCTOR
RUBÉN MARTÍN GIRÁLDEZ
EDITORIAL UNDERWOOD
192 PÁGINAS, 18,50 EUROS