La magia también viaja en dron

Las varitas y las chisteras han caducado. Lo dice Jorge Blass, el mago que tanto se vale de las redes sociales en el escenario como de un ayudante muy especial: un dron. Ilusionismo del siglo XXI. El público gallego lo podrá comprobar en tres citas.

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Desde que a los seis años Jorge Blass (Madrid, 1980) quedó cautivado por la magia, este ilusionista no dejado de ensanchar los límites del espectáculo. Prueba de ello son las tres fechas que lo traen a Galicia, con nuevas apuestas que se estrenarán aquí y que demuestran su constante capacidad de renovación e inventiva. Un número con un dron -«Va a ser mi ayudante», adelanta Blass- promete dejar boquiabierto al público, quien también tendrá la ocasión de participar en un truco interactivo -se repartirán cuatro cartas a cada una de las personas del auditorio- con un final inesperado.

Blass, como muchos otros colegas del oficio, en cada avance tecnológico no solo ve una innovación para hacerle más fácil la vida, que también, sino que de inmediato se pregunta cómo aplicarla al ilusionismo. Se trata de una pulsión que ha estado presente desde los inicios mismos de la magia, como reflejan la novela de Christopher Priest El prestigio y su adaptación cinematográfica a cargo de Christopher Nolan -«Uno de mis libros favoritos», confirma Blass-, donde la lucha por dominar la electricidad enfrenta a dos prestidigitadores. El mago se remonta también a los pioneros del cine: «Los Lumière lo inventaron, pero fue un ilusionista, Méliès, el primero en darse cuenta del potencial de las imágenes en movimiento».

Trasladado al siglo XXI, el mismo espíritu lúdico se encuentra detrás de otro de los números que Blass estrenará en Galicia, un truco de teletransportación con redes sociales. «Me ha comprado los derechos David Copperfield. Me llamó al móvil y me quedé alucinado. Ahora lo está preparando para hacerlo en Las Vegas, así que es un truco que solo haremos él y yo en el mundo», explica Blass, quien aclara que pese a la fama de secretismo y rivalidad que tradicionalmente se ha proyectado sobre el mundo de los magos, en realidad existe mucha más colaboración. Entre sus asesores se cuenta el Mago Antón. «Estamos en contacto casi diario. Por ejemplo, se me ocurre una idea y él me ayuda a desarrollarla, a convertirla en un número que se pueda ejecutar sobre un escenario. Colaboramos mucho entre nosotros y nos ayudamos a innovar», describe. Un clima de cooperación que se extiende también a quien desee iniciarse en ese mundo arcano y fascinante que es el del ilusionismo, aunque, eso sí, hay que demostrar interés y compromiso. «Es cierto que los magos somos muy celosos al principio a la hora de compartir información, porque no sabes si se trata de un simple curioso o si tiene un interés de verdad», una actitud que, según Blass, se nota enseguida cuando un aspirante se presenta ante una sociedad mágica para demostrar con algún truco que se lo ha tomado en serio: «Viene mucha gente que se ha preparado viendo vídeos de YouTube, lo cual me parece bien, aunque sería una pena que se perdiesen algunas de las maravillas que guardan los libros sobre magia».

Otro indicador de cómo cambian los tiempos, también para los magos. Aunque hay cosas que no pasan de moda. Las cartas son un buen ejemplo, gracias a su versatilidad. «La chistera y la varita son iconos que están caducos», sostiene Blass. Su razón de ser hay que buscarla en que los prestidigitadores saben elegir bien sus recursos e identificar a su público: «Hay que utilizar elementos cotidianos. El mago que hacía aparecer conejos de una chistera no lo hacía por casualidad, sino porque era el sombrero que todos llevaban en la época, y del que conseguía que brotasen conejos o frutas, es decir, comida, objetos de deseo, signos de riqueza... así recreaba los sueños del público de su época». Esa es precisamente la clave de un arte que no ha perdido vigor porque los sueños nunca caducan: «La realidad no es solo lo que vemos, sino lo que podemos imaginar».

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