Carmen Amoraga: «Hay gente que para sobrevivir tiene que olvidar lo que siente»

Pepa y Crina no se conocen, pero tienen en común su capacidad para resistir a los infiernos de sus vidas. Son las protagonistas del último libro de la escritora valenciana

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Lo suyo no es la novela negra sino las pequeñas historias de personas que se caen y se levantan. Por eso, Carmen Amoraga (1969) dice que aún no ha encontrado ninguna trama para sus novelas en el ecosistema político en el que hoy se desenvuelve como directora general de Cultura y Patrimonio de la Generalitat de la Comunidad Valenciana, donde, como en las letras (La vida era eso, Premio Nadal 2014), pretende dejar huella. En Basta con vivir la escritora valenciana nos da la receta de lo principal que necesitamos recordar en la vida a través del conmovedor y valiente relato de dos mujeres, Crina y Pepa, que henchidas por la tragedia, demuestran que el infierno puede estar tanto en una red de esclavitud sexual como en la vida más cotidiana. Pero cambiar la mirada y ser solidarios es lo que nos rescata.

-¿Se nos olvida vivir fácilmente?

-Vivir es fácil pero nos lo ponemos muy complicado. Esto lo intento reflejar en todas mis novelas, que son un espejo de la vida. A mí me gusta escribir sobre historias minúsculas que al final acaban formando una historia grande porque tanto en la vida como en mi literatura, lo importante no es lo que pasa sino cómo cada personaje vive lo que pasa. Pero tenemos que recordar que para vivir, basta con vivir, como quien da limosna, como con descuido, tal y como dice el poema de Luis Rosales.

-¿Vivir el aquí y ahora simplificaría las cosas?

-Dicen los psicólogos que sí, que no hace falta vivir ni hacia atrás ni hacia adelante, y disfrutar el momento simplifica las cosas. En la novela hay un personaje, Pepa, para quien vivir el aquí y ahora es la solución a sus problemas. Pero para Crina no, porque vive el drama del siglo XXI, que es la esclavitud sexual, la trata de personas, así que ella, por mucho que viva el aquí y ahora, no va a salir de sus problemas.

-¿Por qué seguimos arrastrando este problema de la esclavitud sexual?

-Hay que cambiar la mirada y ver realmente ese drama. En ese sentido, vivimos en una zona de confort que se sustenta sobre dos patas. Una es: «A mí no me afecta». Y otra es: «La que es prostituta es porque quiere y lo prefiere a fregar escaleras». Entonces esas dos patas hacen que veamos el problema de forma distinta a cómo es. Hay un porcentaje minoritario de mujeres que ejerce la prostitución de forma voluntaria, pero un porcentaje muy elevado la ejerce cona su voluntad y no las queremos ver.

-Las escenas de sexo son muy explícitas. ¿Solo así podía entenderse el drama de estas mujeres?

-Cuando me entrevisté con Cosmina, una exprostituta a la que dedico la novela, le dije que su realidad la podía encontrar en cualquier periódico o documental, así que le pedí que me contara qué sentía, porque yo tenía la letra pero no la música. Y ella me dijo que si fuera capaz de contarme lo que sentía, se subiría a un edificio y se tiraría, porque para sobrevivir había tenido que olvidar lo que sentía. Y esa fue la música que a mí me faltaba para darle el tono a todas las escenas que son explícitas pero también son desprendidas.

-Nos venden mil recetarios para alcanzar el éxito, para ser felices… cuando no hay milagros y la receta es: «Basta con vivir».

-Yo confío en la capacidad del ser humano para vivir porque estamos diseñados para sobrevivir y, una vez conseguido, para vivir. El ser humano tiene que ir a mejor. No involucionamos a pesar de que en esta evolución todavía convivimos con cromañones y seres cavernarios que parece que nos arrastran. Pero la inmensa mayoría nos hace evolucionar y, aunque es una evolución silenciosa, vamos hacia adelante.

-¿La voluntad es un sano ejercicio para poner esto en marcha?

- Sí, y Pepa, que vive anclada en la desdicha y culpa a los demás de lo que le pasa, y Crina, desde su esclavitud, son dos arquetipos. Ambas son libres, pero tienen unas cadenas invisibles que las sujeta hasta que dan el paso, que en el caso de Crina es cuando piensa en su hijo. Pero en realidad, no sabemos la cantidad de mujeres como ella que se escapan porque tampoco sabemos cuántas están retenidas y muchas no denuncian.

-En «Basta con vivir» los viejos también dan lecciones, son fuertes y buscan la felicidad, el amor y el sexo. ¿Está su rol debilitado en la sociedad?

- Sí, desviamos la mirada de lo que no es bonito como los ancianos o la prostitución forzada. Durante muchos años coordiné el suplemento de la tercera edad del diario Levante y aprendí muchísimo de ellos, por eso me gusta reflejarlo en mis novelas. Al final siempre escribo la misma historia y utilizo los mismos personajes, todos parecen perdedores pero evolucionan porque me gustan las personas que se caen y se levantan. Estamos poco familiarizados con la pérdida en general. Si no sabes perder, nunca sabrás ganar.

-Esto sí lo tienen interiorizado los mayores. Provienen de una sociedad donde no se les aseguraba el éxito.

-Es verdad, por eso me dan pena las generaciones que vienen detrás, porque han recibido promesas que seguramente no se van a materializar porque la vida es hoy más complicada que la burbuja en la que hemos vivido.

«BASTA CON VIVIR»

AUTORA

CARMEN AMORAGA

EDITORIAL

DESTINO

320 PÁGINAS

18,90 EUROS

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