Un Benedetti que ni pintado

El autor de «La tregua» vuelve al escaparate con «El mejor de los pecados». La ironía erótico-festiva de Mario Benedetti brilla en un libro de cuentos que tiene su historia. «Hubo que pararlo cuando estaba entrando en máquinas», revela a Fugas su ilustradora, Sonia Pulido

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A quienes busquen emociones fuertes les bastará ver un poco de realidad cruda y vibrante de pareja para quedarse k.o. Ellos son los primeros invitados a rebasar el umbral de la puerta y entrar en estas diez historias que ofrece una degustación en color de la erótica irónica de Mario Benedetti (Paso de los Toros, 1920-Montevideo, 2009), del humor tranquilo y cosquilleante del uruguayo de La tregua. El poeta sabe cuál es la chispa de la vida, que aún parpadea en los retratos que dejó para leer.

Con gracia gráfica e insólitos toques naranja flúor, el sello Lumen recobra al Benedetti de siempre con amor, con varios amores que dejan en evidencia sus verdades, secretos, rencores, grandezas y cutreces en diez relatos sencillos, apasionados y mordaces. Acierto en la diana del corazón. Bienvenidos a este mundo de estafas sentimentales, amores impúdicos que alteran el orden público, relaciones adúlteras, vientres leales y escarceos de juventud que se recuerdan cuando la vida toca su fin. Con gracia se enciende el lector en su aventura de voyeur por los grotescos cuadros de familia que escribe Benedetti. Huirán del más inapetente de los estados, la modorra, para sentirse tentados a cometer El mejor de los pecados. Caigan y sean felices, ¿no?

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«Nacemos tristes y morimos tristes, pero en el entretiempo amamos cuerpos cuya belleza es un milagro», alumbra el autor de La borra del café. «Recuerda, cuerpo», impele Kavafis. De eso se trata... también.

«-¿Te caigo bien?

-¿En qué sentido?

-Vertical. Horizontal. El que prefieras.

-Digamos que sí. No sé por qué.

-¿Te lo explico?

-No, por favor. No soporto la vanidad masculina...».

Es un flash de uno de estos cuentos que nos pillan confesados, Conversa, ilustrado con unas manos femeninas de uñas en rojo que sostienen a un hombre mariquita. «De niña me gustaban las mariquitas, solía jugar con ellas...», confiesa a Fugas Sonia Pulido, la ilustradora de esta aventura por las distintas edades y circunstancias del amor, que ausculta el corazón en sus deseos.

«Los cuentos de Benedetti son divertidos, juguetones y tienen esa ironía de la que me siento cómplice», apunta la artista que ha ilustrado a Vila-Matas y Mario Levrero (un autor al que acompaña gráficamente en Caza de conejos y con el que ha vivido, confiesa, un flechazo).

El mejor de los pecados empieza con un tortazo. Así se sienten Los novios. «Sí, yo pensé: ‘Como todos los cuentos vayan en esta dirección es terrible...’. Que alguien sea capaz de tirar así su vida por la borda... Y el final de Los novios es el que menos te esperas», comenta Pulido aguzando la curiosidad.

El uso de la tinta flúor es, en la imagen, una sorpresa. «Fue una indicación de la directora de arte de Lumen, Nora Grosse. Y le da ese punto chispeante a la imagen que acompaña los cuentos», dice Pulido. Difícil escoger un favorito. La ilustradora se lo piensa, duda un poco, dice: «Uy... Me han gustado mucho los difíciles. Como el del trío, Los pocillos. Me parecía interesante al ilustrar seguir esa línea de Benedetti de ser más sugerente que explícita, no desvelar nada al lector... Darle a entender también con la imagen que está viendo algo sin saber qué», explica la autora de los dibujos que ilustran este texto. Como Mario Benedetti, Sonia Pulido juega al juego de las prendas con usted. Es una de las diversiones del arte.

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La cubierta de El mejor de los pecados tiene su historia, descubre su ilustradora. «Yo propuse una idea inicial, que jugaba con esa cosa erótico-festiva que tiene el libro. Costó, la peleé, la aceptaron, pero luego una asociación que está al cargo de los derechos de Mario Benedetti la tumbó. Decían que era demasiado. Hubo que parar el libro cuando estaba a punto de entrar en máquinas», revela Pulido. Como salida de emergencia se pensó usar una ilustración interior del libro: «Nos dijimos... ‘No, no. Tiene que ser algo nuevo’. Ese final fue un esprint. Me recuerdo haciendo bocetos en el tren a toda máquina». Llegó a destino.

La mujer de la cubierta definitiva es enorme, el hombre un ser que se desliza por la pendiente de una cremallera hacia el abismo. «Estamos ahí empoderadas... Es lo que toca». Recuerda a la estética Mad Men, le digo sin gran convicción. «Soy súper fan. Sobre todo, de Joan», dice. ¿Casualidad?

«El mejor de los pecados»

Mario Benedetti

Ilustraciones de Sonia Pulido

Ed. Lumen

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Un Benedetti que ni pintado