Antonio Orozco: «Todos los días me digo que hay que morir en el intento»

Empezó en bares y llegó al top. El «Destino» traerá el jueves a Coruña a este músico visceral e intenso que siempre ha creído en sí mismo: «Ese es el secreto, no hay más»

.

Antes de vender un millón de discos, de hacerse de oro y de platino, de ser coach y de escribir su propio Destino, Antonio Orozco (Barcelona, 1972) pagaba por cantar. «Me tocó empezar así... Pero antes había más bares para cantar, más posibilidades», cuenta el catalán de corazón andaluz que visita el jueves A Coruña (Marineda City, 21 horas). Es remolón, visceral, intenso y refranero. Escribe cuentos en los aviones, vive en la carretera y cree en la fuerza del destino. Pero canta Mi mejor casualidad. «La vida está llena de casualidades -dice-. Algunas son maravillosas y otras no tanto, pero de todas se aprende algo. Lo que sucede conviene». La última frase es de Xavi Pérez, su productor, su amigo. Lleva su recuerdo en un brazo y en Destino. «Es mi mejor disco con diferencia, el último que hicimos con Xavi antes de que muriese. No es el más vendido, pero creo que es el que ha penetrado más, con más descaro, en la gente», afirma Antonio. ¿Es lo mejor lo que tiene más éxito? «No, seguro que no... pero lo que tiene más éxito no tiene por qué ser lo peor. La opinión del público es definitiva».

-¿Qué debe tener una canción?

-Empatía con quien la escucha. La frase sería: «Cuando te preguntas si esta canción habla de ti no te lo preguntes más, habla de ti».

-Si la vives con emoción la vida baila sola, dice. ¡Mejor que un agarra’o!

-... Y lo que nos pasa a los músicos cuando estamos en casa es que nos faltan emociones, no sabemos vivir bajo el techo. Como los toros cuando salen al ruedo, tenemos la querencia de volver al toril, pero cuando vuelves al toril quieres salir. Siempre es lo mismo. Hay una querencia a la carretera, la vida, la velocidad, ese calor y todas las cosas que pueden acontecer en el camino, que pueden ser a veces bonitas y otras no. Las esperas en los aeropuertos, las pérdidas de trenes, las comidas de mierda en algunos restaurantes... a veces pasa, pero cada vez nos pasa menos.

-¿Cómo en casa en ningún sitio?

-No, creo que no.

-«Solamente verdades». ¿Es tan vital como sus canciones?

-Sí, pero en mi vida ha habido momentos difíciles. Este es para mí, como para la mayoría, complicado. Vivimos un momento político que lo único que da es vergüenza. Nos ha tocado a todos buscar soluciones, ¿no? Dicen que el hambre aguza el ingenio. Yo nunca he esperado que venga nadie a solucionar las cosas. Quizá también he tenido suerte.

-«Tengo el valor, los sueños, me sobra el amor, tengo el momento». Y hasta el coraje de pedir perdón...

-Quiero que sepas que no soy el mejor ejemplo de mis canciones. Decaigo, resbalo, soy víctima de mis palabras, pero creo que hay que morir en el intento. Es uno de los mensajes que me aplico todos los días. Hay que morir en el intento. Somos músicos y por lo tanto funambulistas.

-Lo perdió todo por culpa de su mejor amigo, confesó a Bertín Osborne.

-Un clásico. Seguro que a muchos les ha pasado alguna vez.

-También hizo daño. En uno de sus éxitos, «Devuélveme la vida», pide perdón por haber sido «todo lo cabrón que uno puede ser».

-Sí. Es un perdón como una catedral. Lo que no sabía era que había tanta gente que tenía que pedir perdón.

-Defiende una inspiración sin dobladillos. ¿Mejor pisarse el pantalón? ¿Cómo es eso?

-Uno tiene que hacer lo que siente, no lo que le dicen, porque si no acabarás siendo lo que quieren los demás. Hay que descoser los dobladillos, que no sirven para nada. La verdad está en la inspiración sin dobladillos.

-«Yo amo tus te quieros», dice en «Destino». ¿Hay diferencia de peso entre amar y querer?

-Definitivamente. Se quieren los coches, se quieren las casas. Es difícil amar a un coche... jajaja.

-¿A quién ama sobre todo?

-Mi hijo es el principio y el final de cada día. Yo jamás había sentido nada parecido. Y he sido de amar... Soy entregado e intenso, pero nunca he sentido este miedo, esta conciencia, este estar siempre preguntándome si está todo bien o mal.

-¿Se pueden poner «candados al amor»?

-Tú puedes hacer lo que quieras... que él hará lo que le da la gana. El amor es como el agua, una vez se da no hay barreras, no lo para nadie.

-¿«Tiene sentido el tiempo perdido»? ¡Cántenos!

-Nunca el tiempo es perdido.

Caigo, decaigo, resbalo. Yo no soy ejemplo de mis canciones

6 de julio. 21.00. marineda city ENTRADAS gratuitas

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Antonio Orozco: «Todos los días me digo que hay que morir en el intento»