La vida de Kafka al detalle

Dos obras analizan la figura de un personaje huidizo y extraño, entregado a su enfermiza devoción por la escritura

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Parecía que la vida de Franz Kafka (Praga, 1883-Viena, 1924) era un asunto insondable, quizá hecha de la misma materia inaprensible con que se labraron sus trabajos de creación literaria. Las certezas de su personalidad habrían de estar protegidas por un caparazón tan duro como el que cubría al escarabajo en que se convirtió Gregor Samsa. Era así su vida un asunto extraño, teniendo en cuenta que rara vez abandonó su Praga natal -contempló el mar solo tres veces- en los poco más de cuarenta años que vivió: tenerlo tan perfectamente localizado debería ser una ventaja para un mejor y más seguro conocimiento.

Personaje huidizo, agazapado entre su entorno familiar y su empleo funcionarial -ambos mundos le causaban desasosiego-, y entregado como un monje a una enfermiza devoción por la escritura, el hombre semejaba dispuesto a permanecer oculto para siempre, envuelto en el misterio de su propia obra, una obra que casi no vio la luz más que de forma póstuma. Apenas publicó La transformación [La metamorfosis] y un par de cientos de páginas más. Y es que únicamente consideraba con calidad suficiente narraciones como La condena, En la colonia penitenciaria, El médico rural y Un artista del hambre. La preservación de todo lo demás se lo debemos a la feliz traición de su buen amigo Max Brod, que rechazó cumplir las últimas voluntades expresadas en su testamento y destruir en el fuego unos manuscritos que el autor juzgaba insatisfactorios.

 Niño abandonado

Así, una tozuda neblina confunde la línea del horizonte. Pero hete aquí que, ya entrado el siglo XXI, llegó Reiner Stach (Rochlitz, Sajonia, 1951), un riguroso investigador que -tras cerca de veinte años de ardua y minuciosa tarea- ha reconstruido al detalle la vida de Kafka, de tal modo que no está lejos el día en que Kafka dejará definitivamente de ser kafkiano. No por ello tomará una apariencia convencional. Jamás. La percepción de sí mismo como un niño abandonado, falto del afecto paterno, condiciona su manera de ser, sobre la que pesaba además su aguda sensibilidad, en extremo delicada, y su propensión a la hipocondría.

Si iluminar todos los rincones de sombra es un deseo imposible, ha de decirse que Stach convierte en asequible el objeto de estudio. El lector comprende perfectamente aspectos como que sacrifique la posibilidad de la vida en pareja -acarició el matrimonio con Felice Bauer y Julie Wohryzek y en muchos momentos ansió la compañía de Milena Jesesnská y Dora Diamant- por el bien de su proyecto literario, incluso tan incomprendido e inseguro como se sentía.

Por supuesto, Stach no agota el universo Kafka, pero queda claro que su ímproba biografía acerca y normaliza la relación del lector con el [idolatrado pero frecuentemente desenfocado] autor de El proceso -cuya contribución es clave en la historia de la literatura occidental-. En el 2003 el sello Siglo XXI publicó Kafka. Los años de las decisiones y Acantilado completa por fin este monumental trabajo de Stach, añadiéndole el primer tomo (Los primeros años) y el tercero (Los años del conocimiento).

Para quien no quiera de inmediato tamaña inmersión -placentera en grado sumo, eso sí-, cabe el baño preparatorio de la edición de La transformación que Luis Fernando Moreno Claros y Pilar Benito elaboraron para Atalanta. Al gozo del emblemático relato, suma un magnífico ensayo introductorio.

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