Manuel Burque: «Los pelirrojos somos una especie privilegiada»

Con su espectáculo «Supermán también se toca» ha logrado una gran complicidad con el público, especialmente en Galicia, porque en su humor hay mucha retranca

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Aunque en su DNI ponga nacido en Tenerife, el acento no miente. Manuel Burque es ese tipo con barba, pelirrojo que consigue hacerle reír. Ese es su oficio, a veces como actor, otras como cómico, pero casi siempre escribiendo las frases que lo logran. Este fin de semana vuelve a jugar en casa con su espectáculo Superman también se toca.

-De chaval, ¿era usted el gracioso de la pandilla o se mantuvo en un discreto segundo plano?

-Como pelirrojo tuve que sobrevivir al instituto. No es algo complicado, pero los pelirrojos somos como una especie privilegiada dentro del hombre blanco heterosexual, somos diferentes a la media, lo justo para que te vean distinto. En el humor y la comedia encontré una manera de sobrevivir a ese dolor que podrían ocasionarte algunos compañeros.

-¿Y hoy? ¿El humor es solo oficio o también sonríe a menudo en las reuniones de amigos?

-Depende. Yo creo que el humorista suele tener una actitud cómica hacia la vida. Hay momentos que tiras de repertorio… pero no de contar chistes, sino de buscarle el ángulo gracioso a lo que te pasa. ¿Qué ocurre? Que buscas la comedia casi siempre, pero no cada minuto del día. Hay cómicos que tienen esta actitud muy presente y otros que lo ven como un trabajo y cuando lo acaban, se acabó. Yo tengo una actitud cómica pero no estoy contando chistes todo el día, porque para empezar soy una persona educada (ríe). No se debe ser siempre el centro de atención.

-Canario, pelirrojo y con acento gallego. De una mezcla tan singular algo bueno tenía que salir.

-Soy un curioso híbrido (ríe). Mi padre, que es de Suevos, hizo la mili en Canarias. Conoció a mi madre, se enamoraron y allí nací yo. Llegué con tres años a A Coruña. Tengo genes canarios, pero la realidad es que soy de crianza gallega. Mi voz y mi forma de ver la vida no mienten.

-Y su humor.

-Es verdad. Últimamente mucha gente me ha comentado algo así como «el humor ese que haces no lo entiende todo el mundo». Noto, cada vez que vengo, que la gente ríe más aquí. El comentario empieza a tener razón. Nuestra ironía, la retranca gallega solo la tenemos aquí, y sin darme cuenta ha acabado formando parte de mi manera de hacer humor.

-¿También sufre de morriña? ¿Se le apareció allá por Madrid?

-La verdad es que no demasiado. Me gusta esta ciudad, también A Coruña pero… A Galicia la llevo en el ADN y no puedo estar demasiado allí por trabajo, pero cada vez que voy me siento a gusto, me relajo. Echo de menos a mi gente, pero no me sale esa vena, esa necesidad de volver que llega a traducirse en ansiedad.

-Con «Supermán también se toca» recuerda al público que lo cotidiano sigue teniendo su aquel. ¿Se sienta a observar al mundo para sacarle la puntilla, o camina esperando la inspiración?

-Steve Martin decía que a la hora de escribir tienes una parte más racional y otra más inconsciente. Esa última es la primera que te viene, y la razón es la del editor; eso que te ha venido lo vuelve a reescribir una y otra vez. La parte de inspiración es muy buena porque te aporta material puro, pero luego hay una segunda que le da la forma definitiva y hace que llegue al oyente de la mejor manera posible. Siempre hay que anticiparse al público.

-¿Anticiparse?

-Sí. Yo soy de los que cree que los monólogos los reescribe el público que asiste al espectáculo. Alguien que se dedique a esto no tiene su monólogo fino hasta que lo ha hecho diez o quince veces. Ahí, en el directo uno qué funciona. Hay que anticiparse a un pensamiento colectivo y posicionarse donde crees que el público se sorprenderá. Debes pensar como los asistentes y, obviamente, nunca podrás hacerlo bien hasta que lo recites por primera vez. Me tiene pasado de ir con el momento estrella de la actuación y comprobar que ha habido más carcajadas en otro chiste. Ahora lo sé, y le daré más importancia a ese momento. El público esculpe al monólogo con su risa.

-¿Escribe sus guiones pensando ya en alguien en la cabeza?

-Siempre pones cara a tus personajes, aunque al final puede que el papel lo haga otro. Si escribo una comedia y hay un fuerte humor físico ya te vas a ciertos actores inconscientemente. El proceso de imaginarse un actor concreto ayuda a encontrar al personaje y a definir la historia.

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