«Me mantengo: no me volveré a subir a un escenario»

La actriz protagoniza junto a Lola Herrera, «Pasaje al amanecer», un drama familiar en el que vuelve a atrapar al espectador tirando de las emociones. Un papelón con el que va a conquistar a la crítica y a los espectadores


Elvira Mínguez (Valladolid, 1965) es sinónimo de emoción. Quizás por esos papeles que le ha tocado interpretar, tira como nadie del espectador para arrastrarlo adonde quiera durante el tiempo que dura la película. En Pasaje al Amanecer, que se estrena el próximo 5 de mayo, lo vuelve a hacer. La actriz protagoniza un drama familiar que destila realidad, que plantea cuestiones de adultos, y sobre todo que mira muy de cerca a la muerte.

-Un sube y baja de emociones...

-Es un película profunda, esa era la premisa de Andreu a la hora de trabajar, que nos íbamos muy abajo a nivel emocional y en mi caso esa madre que está en un subtexto complicado de lidiar, una mujer que se está enfrentado a una enfermedad, al miedo a la muerte. Son personajes que se hacen preguntas existenciales, no es una familia que responde a una media, son personajes con una capacidad de reflexión y de autocrítica grande.

-Menudas Navidades...

-Son unas Navidades que no esperas. A mí la película me gusta, primero, porque nos coloca en otro lado de la guerra, estamos acostumbrados a verla desde la tele, los eufemismos, las mentiras, pero no lo que ocurre en esas familias cuando la guerra está, cuando llega, entra y se lleva a alguien, no suele ser habitual verla así, y en ese contexto de las Navidades pues para qué quieres más.

-Plantea dónde está el límite de la libertad de un hijo y la preocupación de una madre.

-La película está llena de cuestiones muy adultas, efectivamente donde se analiza qué hay detrás de eso, el egoísmo, el miedo, de no querer que el hijo termine de romper, de crecer... Pone un punto de vista que no estamos muy acostumbrados a verlos en el cine.

-Hay que dejarlos volar... pero los padres vienen de vuelta.

-Yo soy mucho más escéptica que todo eso. Yo desconfío bastante de la bondad de los padres, por la mochila que lleva cada uno, a mí me parece que antes de todo eso somos seres humanos, y que hay algo que pesa que es el egoísmo y cuando esta mujer, que ha estado cercana a la muerte, que sabe lo que supone mirar a la muerte de frente y no quiere, no quiere que su hijo tenga que pasar por ahí, hasta ahí sí, pero luego más allá de eso, efectivamente la pregunta está ahí lanzada, si me pongo a pensar en el personaje pienso: ‘¿Esta mujer lo hace por ella misma o lo hace por el hijo?’ Yo tomé una opción durante toda la película, pero ahí está la pregunta para el espectador.

-¿Te consideras una madre muy protectora?

-En exceso. Absolutamente, mi hijo tiene 7 años, pero es uno de los errores que estoy tratando de corregir ¡Ya! Porque lo he sido durante todos estos años, y a la hora de la verdad cuando haces una película en los personajes estás colocando muchas de las inquietudes que tenemos, o que yo tengo, y estás trabajando con ellas, y que luego cuando la película termina te das cuenta, ¡ostras de qué forma esto roza con lo mío! ¿Qué estoy aprendiendo yo de este personaje o de esta historia que a mí me pueda servir? En mi caso me di cuenta del exceso de protección, y que detrás de esto hay una cosa muy complicada que es dejar crecer a los hijos porque eso conlleva envejecimiento y cercanía a la muerte o a otra etapa, que no es fácil.

-Dice Lola Herrera que aceptó el papel porque estabas tú...

-Pues es recíproco. Para mí era una oportunidad maravillosa de trabajar con ella, las dos somos de Valladolid, no nos conocíamos personalmente, no habíamos coincidido nunca pero para mí es un referente en este oficio, y es una de las grandes damas de la interpretación y de las grandes actrices, cuando a mí Andreu me dijo que iba a ser Lola dije: ‘¿Dónde firmo?’ Me da igual las condiciones.

-Cuando rodasteis la escena juntas el equipo acabó llorando...

-Es que además había una cosa muy bonita, al ser las dos de Valladolid, al tener los orígenes parecidos, parece como que había una cosa anterior, la manera de expresarnos, el lenguaje, la forma de vocalizar es muy similar, y además tenemos una manera de trabajar los personajes muy parecida, así que desde el primer momento hubo una conexión muy rápida, mucho cariño, le he cogido muchísimo cariño, y creo que ella a mí también, así que estás trabajando en una película como esta que es una cuestión emocional continuamente y en un ejercicio de vulnerabilidad constante, ver llorar a Lola Herrera... ¡Ay, hasta me emociono!

-¿Mantienes que no te vas a subir a un escenario de nuevo?

-Sí, sí, sí. Lo mantengo. No es mi hábitat.

-Te gusta más rodar que interpretar. ¿Qué tiene el rodaje?

-De entrada todos los departamentos, la concepción de la obra general, una película no solo es el texto, es verdad que es lo más importante, pero no solamente es el texto, es la interpretación de ese texto, que pone en marcha todo el mecanismo que es el cine, y que en definitiva, es en gran parte técnica, a mí eso me gusta mucho, ver cómo todas las piezas se van colocando, ver que el engranaje empieza a funcionar. Yo he hecho películas de casi 300 tíos, y ver que arranca todo eso, que se pone en marcha el mecanismo, y en todo ese engranaje, la interpretación es una parte más, importante pero no imprescindible.

-Eres más alegre y divertida que los papeles en los que te vemos.

-Mucho.

-¿Conocemos poco a Elvira?

-No es porque yo me esconda, creo que en este sentido, en el de los papeles influye muchísimo el papel de la terrorista de Días Contados, para bien o para mal marca mucho una línea, luego los papeles van llegando, los productores y directores a la hora de conceder un personaje si piensan en alguien también van a pensar en alguien que haya hecho algo semejante, y tienen la seguridad de que puedes funcionar ahí, y así se va entrando en la rueda. A mí me sigue pareciendo que lo más difícil de hacer es la comedia, requiere un músculo especial, mucho trabajo. Yo en el momento que tengo oportunidad de hacer algo de comedia lo agarro, y si no se me conoce no es porque me esconda sino porque a la gente no le interesa, nada más.

-Dijiste en una ocasión que al pasar la barrera de los 50 te tocan más papeles de abuela que de madre, pero tú los sigues haciendo de madre...

-Bueno... pero ya he hecho bastantes de abuela. Lo que pasa es que es verdad que no hago solo de abuela. Esto es algo que con la representante lo hablé hace unos años, también porque me pilló la crisis, y yo les dije que teníamos que empezar a hacer abuelas, y me dijo: ‘¡Pero si nos faltan 10 años!’ , y yo le dije: ‘Pues nos saltamos 10 años, vamos haciendo abuelas y si nos llegan más jóvenes, vamos haciendo más jóvenes, pero ya tenemos una brecha abierta para ir haciendo’. En esta profesión hay una costumbre, en mi opinión fea, que normalmente para un personaje de 40 años, se busca una actriz de 30, para uno de 30, se busca de 20 y para uno de 50, nadie, porque no suelen escribirlos... para uno de 60, uno de 50, y a partir de 65 se vuelven a escribir, y parece que por lógica lo tiene que hacer una de 55. Una costumbre para mí deplorable, es uno de los hándicaps que tenemos las actrices, las mujeres dentro del mundo del cine.

-Lo importante es que el teléfono siga sonando.

-Pues sí, pero una cosa maravillosa que tiene el ir envejeciendo es que empiezas a prestar menos atención al teléfono y más a otras cosas. Uno de los atributos que te da la edad..

-La edad... si estás en lo mejor de la vida...

-Yo sí lo creo, pero siempre lo he dicho, y ahora ya con criterio, para atrás ni uno. A mi me gustaría vivir 130, 140... pero para atrás ni para coger impulso.

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