«No hay padres perfectos, porque todos improvisamos»

TEXTO: ANA MONTES

FUGAS

BENITO ORDOÑEZ

La película más taquillera de Francia en las pasadas Navidades ya está en la cartelera española. Su director, Hugo Gélin, aborda con humor los nuevos roles de la paternidad y replantea las claves de una infancia idílica

07 abr 2017 . Actualizado a las 05:55 h.

Detrás de Mañana empieza todo hay una tierna historia llena de humor y emoción que el director francés Hugo Gélin ha llevado a las pantallas versionando a la mexicana No se aceptan devoluciones y que la ha convertido en la película más taquillera de Francia en las pasadas Navidades. En clave de comedia, Samuel (Omar Sy) se enfrenta a una paternidad por accidente, una hija de tres meses de la que tendrá que ocuparse solo, lo cual le obliga a abandonar su vida de juerguista y seductor. Pero, lejos de amilanarse, colorea con la pequeña (Gloria Colston) una vida idílica y divertida a pesar de un mañana que irá complicándose.

-¿«Mañana empieza todo» debería ser el mantra que repetir todos los días?

-Sí, es una frase que mi abuela decía cada día y es la frase del humanista Bachelard. Es una forma de ver la vida recordando que mañana todo comienza de nuevo a pesar de lo dramático que haya sucedido el día anterior porque todo está por construir. Es importante para mí porque es positiva y por eso es la última de la película.

-En un primer momento la película refleja una infancia idílica. ¿Fue la tuya así?

-A mí me educaron con humor unos padres y abuelos felices. Por eso he tenido una infancia idílica, pero no tan de cuento como Gloria. Lo que he incorporado es ese mundo de fantasía que me hubiera gustado vivir también. El juego y el humor son las partes de la infancia que siempre tengo presentes y que me encanta volver a encontrar en los adultos.

-Realmente choca ver a un padre tan volcado en su hija hoy día. Ya no tenemos tiempo.

-No he pretendido llamar la atención a los padres porque no hay un padre perfecto ni una madre ideal. Todos improvisamos y hacemos lo que podemos. Pero siempre está bien, en estos tiempos, buscar momentos para ver crecer a los hijos porque muchos padres se lo pierden. Samuel tiene una forma de educar a su hija muy especial y al final de la película cuenta los motivos, por lo que no pretendo que sus maneras sean un modelo para todos.

-¿Cedemos la educación de los hijos demasiadas veces a otros?

-Los niños se las arreglan para encontrar un equilibrio. No hay nadie más fuerte y que se adapte mejor que un niño. Así que una vez más, no puedo juzgar a un padre que trabaje 40 horas a la semana si quizás dedica cuatro veces al mes realmente a estar con sus hijos frente a los padres que se pasan la vida con ellos, pero no los miran. Cuando ruedo estoy tres meses lejos de mi hijo. Los abuelos son los que se ocupan de él y nos lo traen en vacaciones, pero está muy feliz porque nos ve felices.

-En la película aparece una versión de las nuevas familias: padre soltero, amigo gay e hija. ¿Qué lugar ocupa en este momento la familia en Francia?

-Se plantea mucho la cuestión de los roles en la familia y especialmente con los matrimonios entre homosexuales y cómo educan a sus hijos.

-¿Qué tal ha sido la experiencia de trabajar con Omar Sy?

-Estupendo. Además de divertido, es muy serio y concentrado porque para hacer comedia hay que serlo. No se comporta como una gran estrella y se interesa por los otros actores. Está en esta película porque me quería conocer como director, pero sobre todo a mí me ha gustado conocerle como ser humano. Está muy sensibilizado con la infancia, por eso es embajador de una asociación para niños hospitalizados que preside su mujer.

-La pequeña borda su papel y es bilingüe en inglés y francés.

-Gloria me ha fascinado y por eso cuando terminó el rodaje le dije que ya se había convertido en actriz. Esta ha sido su primera película pero no le ha costado. Es muy natural y tiene madera. Es muy profesional y además es cantante y DJ. En Estados Unidos ha publicado un disco de rap llamado Dj Glo.

Los roles de la familia es un asunto que en Francia preocupa