Hacia todos los libros del mundo

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa PERIFERIAS

FUGAS

16 dic 2016 . Actualizado a las 05:10 h.

Jack London le habla a Sailor Kid, a quien un día le vino “la idea de partir, sin rumbo fijo, hacia todos los libros del mundo”. Louisa Mary Alcott le confiesa a Emily Dickinson su devoción por un poema: “Me encierran en la Prosa / Como cuando de chica / Me encerraban en el baño / Para mantenerme quieta”. Salgari anuncia a sus hijos su legado: “Os dejo, además de esta carta, mi modesta y popular literatura, la locura generosa de mis héroes, mi orgullo de italiano y mi irrevocable apuesta a los reinos de lo extraño”.

Charlotte Brontë proclama que va a escribir “la carta de amor más larga de la literatura inglesa”. Verne nos desvela todo: “A la realidad, padre, siempre le faltó realidad”. Heidi vuelve a tumbarse en la hierba, “el gran sofá del abuelo”, a escuchar “la voz del viento que trae mensajes de un millón de seres diminutos”. Dickens proclama que solo quiso una cosa en la vida, una sola: “Escribir un libro sedicioso, que empezara en un cementerio, por ejemplo, con un diálogo entre un huérfano y un preso, y terminara iluminando un mundo de grandes esperanzas”.

Stevenson nos explica su obra entera: “La cuestión es moverse, intoxicarse de la propia audacia, dejar atrás el mundo de la civilización”.