Manolo García, un superviviente de los ochenta en plena forma

FUGAS

Manolo García quería darse un capricho: presentar canciones de sus dos últimos trabajos, Todo es ahora y Los días intactos, con los músicos de la escena neoyorquina con los que grabó el último: Gerry Leonard (guitarra), Zachary Alford (batería) y Jack Daley (bajo) y Mark Goldenberg. «Durante un tramo he podido contar con una banda americana, igual que en el disco», explica.

Esa primera parte se terminó. Y ahora empieza la segunda. Hoy, en A Coruña, dará el primer paso, con su banda habitual. Serán Ricardo Marín, Albert Serrano y Víctor Iniesta a las guitarras, Charly Sardà a la batería, Íñigo Goldaracena al bajo, Olvido Lanza al violín, Juan Carlos García a los teclados, percusión y voces, Álvaro Gandul a los teclados y acordeón, Susana Ribalta y Belinda Sánchez, coros.

Todo está ahí, latiendo. «Esto de subirse a un escenario a estas alturas ya tiene tintes épicos -dice-. Conseguir que la gente sea feliz y que yo también lo sea es que es la bomba. Se trata de algo muy especial en los tiempos que corren. Si no tienes una gripe o algo malo, si todo va bien y el sonido acompaña, es un momento de alegría. A priori, sucede siempre. La gente acude a los conciertos con muchas ganas y lo percibes. Yo busco que la presencia en el escenario sea sincero. Siempre pasa. Surge la magia todas las noches».

Enamorado de la música y del oficio de ser músico, García asegura que todo le conduce a su sonido. «Vivo inmerso en ella -asegura-. Desde que me levanto, que pongo una emisora con música, cuando voy en el coche. Me da vida. El cine, la literatura, la pintura, cualquier arte me provoca música. Pulsa alguna tecla secreta en mí de la que salen canciones».

En esas lleva desde los ochenta, con la sucesión de Los Rápidos, Los Burros y El Último de la Fila, su proyecto más exitoso en ventas y popularidad, que abarcaría también casi toda la década de los noventa. Desde su ruptura, en 1998, lleva inmerso en una prolífica carrera en solitario.

A CORUÑA. Palacio de la Ópera. Viernes 8. 20.30 horas. Entradas agotadas