Svejk, un «idiota oficial» desnuda al emperador

FUGAS

El sello Acantilado publica una nueva y brillante edición del clásico de Hasek que narra las desventuras de un pícaro acosado por la burocracia y la guerra

24 jun 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Svejk es una fiesta. El lector lo supo ya en 1980, cuando Alfonsina Janés trajo al castellano (desde el alemán) Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, de Jaroslav Hasek (Praga, 1883-Lipnice nad Sázavou, 1923), para el sello Destino. Casi treinta años después, en el 2008, Monika Zgustova volcó la novela desde su idioma original (el checo) en Las aventuras del buen soldado Svejk, para Galaxia Gutenberg, un trabajo por el que obtuvo el premio Ángel Crespo y que parecía definitivo. Ahora el arousano Fernando de Valenzuela -bien conocido por sus traducciones de Milan Kundera y Bohumil Hrabal- riza el rizo de la excelencia y ofrece su versión de Los destinos del buen soldado ?vejk durante la guerra mundial en el catálogo de Acantilado. Solo se puede lamentar que la edición no incorpore las hermosas ilustraciones que Josef Lada creó para Hasek.

Svejk es una fiesta y cada una de estas entregas es una nueva celebración de la libertad individual, el humor, la crítica y la inteligencia, que son los pilares sobre los que se construyen las aventuras de un personaje que, con su simpleza, su bonhomía, su lógica aplastante y su charlatanería es en sí mismo todo un manifiesto antibelicista. Con esa mirada -esos ojos azules plenos de ingenuidad- carente de malicia, dice unas verdades tan incuestionables como solo podrían hacer un «idiota oficial», un loco o un peligroso revolucionario, de ahí que todo el peso de la maquinaria burocrática que es la Administración imperial de los Habsburgo caiga sobre él, considerado una verdadera amenaza. Parece que la lealtad inquebrantable al emperador Francisco José I por parte Svejk resulta, por su sinceridad, más peligrosa que la actividad de espías, terroristas y saboteadores.

Con su desconcertante llaneza e involuntariedad, el parlanchín pone en jaque las injusticias del sistema. Como ocurría con su compatriota y contemporáneo Kafka, la narración desnuda la decadencia, la corrupción y el abuso de las instituciones del viejo régimen, pero aquí el absurdo se señala desde la carcajada, la procacidad y la verborrea tabernarias: lo popular (Hasek, checo) frente a la elaboración más intelectual (Kafka, germanohablante). «El buen soldado Svejk me enseñó a mirarlo todo desde la perspectiva de los marginados, de los de abajo. Y desde el punto de vista de la docta ignorancia, o sea, apagando el brillo del intelecto e intentando ser igual al polvo en que me voy a convertir. El buen soldado Svejk me enseñó a preferir la vivencia al saber puro». Esto decía precisamente Hrabal, uno de los más grandes genios de la narrativa checa y quizá uno de sus más claros herederos. El sonriente protagonista había nacido ya en dos obras anteriores de Hasek: El buen soldado Svejk y otras historias asombrosas (1912) y El buen soldado Svejk en cautiverio (1917), disponibles en castellano en el tomo El buen soldado Svejk antes de la guerra editado por La Fuga.