Svejk, un «idiota oficial» desnuda al emperador

El sello Acantilado publica una nueva y brillante edición del clásico de Hasek que narra las desventuras de un pícaro acosado por la burocracia y la guerra

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Svejk es una fiesta. El lector lo supo ya en 1980, cuando Alfonsina Janés trajo al castellano (desde el alemán) Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, de Jaroslav Hasek (Praga, 1883-Lipnice nad Sázavou, 1923), para el sello Destino. Casi treinta años después, en el 2008, Monika Zgustova volcó la novela desde su idioma original (el checo) en Las aventuras del buen soldado Svejk, para Galaxia Gutenberg, un trabajo por el que obtuvo el premio Ángel Crespo y que parecía definitivo. Ahora el arousano Fernando de Valenzuela -bien conocido por sus traducciones de Milan Kundera y Bohumil Hrabal- riza el rizo de la excelencia y ofrece su versión de Los destinos del buen soldado ?vejk durante la guerra mundial en el catálogo de Acantilado. Solo se puede lamentar que la edición no incorpore las hermosas ilustraciones que Josef Lada creó para Hasek.

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Svejk es una fiesta y cada una de estas entregas es una nueva celebración de la libertad individual, el humor, la crítica y la inteligencia, que son los pilares sobre los que se construyen las aventuras de un personaje que, con su simpleza, su bonhomía, su lógica aplastante y su charlatanería es en sí mismo todo un manifiesto antibelicista. Con esa mirada -esos ojos azules plenos de ingenuidad- carente de malicia, dice unas verdades tan incuestionables como solo podrían hacer un «idiota oficial», un loco o un peligroso revolucionario, de ahí que todo el peso de la maquinaria burocrática que es la Administración imperial de los Habsburgo caiga sobre él, considerado una verdadera amenaza. Parece que la lealtad inquebrantable al emperador Francisco José I por parte Svejk resulta, por su sinceridad, más peligrosa que la actividad de espías, terroristas y saboteadores.

Con su desconcertante llaneza e involuntariedad, el parlanchín pone en jaque las injusticias del sistema. Como ocurría con su compatriota y contemporáneo Kafka, la narración desnuda la decadencia, la corrupción y el abuso de las instituciones del viejo régimen, pero aquí el absurdo se señala desde la carcajada, la procacidad y la verborrea tabernarias: lo popular (Hasek, checo) frente a la elaboración más intelectual (Kafka, germanohablante). «El buen soldado Svejk me enseñó a mirarlo todo desde la perspectiva de los marginados, de los de abajo. Y desde el punto de vista de la docta ignorancia, o sea, apagando el brillo del intelecto e intentando ser igual al polvo en que me voy a convertir. El buen soldado Svejk me enseñó a preferir la vivencia al saber puro». Esto decía precisamente Hrabal, uno de los más grandes genios de la narrativa checa y quizá uno de sus más claros herederos. El sonriente protagonista había nacido ya en dos obras anteriores de Hasek: El buen soldado Svejk y otras historias asombrosas (1912) y El buen soldado Svejk en cautiverio (1917), disponibles en castellano en el tomo El buen soldado Svejk antes de la guerra editado por La Fuga.

Hasek había sido convocado a filas con el estallido de la Gran Guerra, fue prisionero de los rusos y hasta acabó temporalmente unido a los bolcheviques. Esa experiencia -como su vida bohemia- empapa las andanzas de Svejk, un libro que inició en 1921 y que su temprana muerte en 1923 dejó inconcluso. «Si me pidieran que eligiera tres obras literarias de este siglo que formarán parte de la literatura universal, diría que una de ellas es, sin duda, Las aventuras del buen soldado Svejk», afirmó Bertolt Brecht, a quien se debe su más célebre adaptación al teatro (1928) de la mano del escenógrafo alemán Erwin Piscator.

Los destinos del buen soldado Svejk durante la guerra mundial. Novela. Jaroslav Hasek. Traducción de Fernando de Valenzuela. Editorial Acantilado. 816 páginas. 39 euros

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