Con Blutch hay que tener paciencia para terminar saboreando a un creador soberbio, aquí, en «La luna al revés», ingenioso, turbador y original hasta el extremo
15 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Hay que entrar prevenido a la obra de Blutch. Hay tantas vueltas, tanto diálogo retorcido, tantos tiempos que uno puede pasar las diez primeras páginas aturdido. Eso sí, embelesado por la belleza de su dibujo, por la maestría con la que perfila los personajes, los rostros, las actitudes. Con Blutch hay que tener paciencia para terminar saboreando a un creador soberbio. Y así se terminará concluyendo que La luna al revés es un cómic ingenioso, turbador y original hasta el extremo.
El dibujante galo disecciona, casi sin quererlo, la industria cultural de masas, esa que toma la producción artística como si de tornillos se tratara. Con empresas empeñadas en la cantidad, y no la calidad, en desvirtuar al creador original y sustituirlo por mercenarios. Blutch pone aquí como ejemplo a una potente editorial de cómic (ojo, él mismo trabaja para una de las mayores del planeta) en un futuro indefinido, que trata de sacar al mercado la continuación de un célebre cómic, ante una expectación fabulosa y unos beneficios asegurados. Pero su autor está seco, incapaz, y la alternativa pasa por encontrarle un relevo entre decenas de copistas, que trabajan como si fueran meras máquinas. Por el medio, cambios de espacio y tiempo increíbles y fantasmas subterráneos que siempre terminan apareciendo, desde la inmortalidad hasta el sexo.
La luna al revés. Cómic. Blutch (guion y dibujo). Editorial Norma. Color. 56 páginas. 17 euros