El capitán Andrade, en su tierra natal

FUGAS

El escritor asturiano Ignacio del Valle vuelve en «Soles negros» a una de las grandes reflexiones de su saga literaria, la zona gris que habita entre el bien y el mal y los dilemas morales que acarrea

15 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

En Soles negros el lector se reencuentra con Arturo Andrade, capitán del servicio de inteligencia del Alto Estado Mayor franquista. Ignacio del Valle (Oviedo, 1971) entrega la cuarta historia protagonizada por su personaje: tras Leningrado y Berlín, ahora tenemos a Andrade en Extremadura, cerca de su Badajoz natal, en una especie de semirretiro informal. Pero esto no conlleva tranquilidad. La novela arranca con el hallazgo del cadáver de una niña, de una dureza que hasta afecta a un guardia civil. Además de tener que investigar el asesinato, que lo conducirá a una sórdida trama de tráfico de niños procedentes de cárceles de mujeres y hospicios, el regreso supone para Andrade el afloramiento de un pasado que se había esforzado por ocultar, pero que amenaza con desbordarse desde el mismo inicio de la novela durante el encuentro con un maestro republicano represaliado. La contundencia con la que el capitán ataja la posible identificación forma parte también de sus métodos de investigación, que plantean algunas de las reflexiones más interesantes de Soles negros y la serie creada por el autor: el establecimiento de una zona gris frente a una tajante división entre el bien y el mal y sus consiguientes dilemas morales.

Soles negros. Novela. Ignacio del Valle. Alfaguara. 375 páginas. 18,90 euros