Viaje a las entrañas de la última gran banda

FUGAS

El telón está a punto de caer, pero todavía queda un tiempo para disfrutar de su música en directo. El gato negro se está despidiendo con la sonrisa intacta. No hay fechas a partir del 29 de diciembre en Madrid, aunque la idea es que la fiesta continúe hasta culminar en algún momento del año que viene. En ourense, faltaría más. De momento, la banda regresa hoy a Santiago en su último concierto del 2015 en Galicia. Las entradas, agotadas. Aquí, en Barcelona y en Madrid. Son Los Suaves, «What Else?»

11 dic 2015 . Actualizado a las 16:44 h.

No es frecuente, pero en ocasiones uno es capaz de recordar la primera vez que escuchó a una banda. 1987, una madrugada cálida y espesa de julio, en Ferrol. Un chapuzón en la fuente de la estatua de Franco, aquella de los líos en la plaza de España, premiado poco después con una multa de 5.000 pesetas por escándalo público. Una historia digna de ser cantada. La casa de Paco, en el Inferniño, cuando el único asfalto que conocía la calle Fontaíña era el que los chavales traían pegado a las suelas después de un día de playa en Cobas. Por deferencia del Urquiola, claro. Una cinta BASF grabada a pan de millo sonando en un reproductor mono. Peligrosa María. Y en el caletre de un crío de 16 años un único pensamiento: ¿Cómo demonios no había conocido antes a esta gente?

«Las cosas entonces eran así», conviene Manuel Cabaleiro, el fotógrafo ourensano que está cubriendo para Los Suaves su última gira y viene siendo de la quinta del narrador. «Yo a quien primero conocí fue a Charli [así escribe el nombre de su hermano Javier Domínguez, primer batería del grupo, en Mi casa es el rock'n'roll, la biografía que Xerais editó el año pasado], en la tienda de discos. Sería el 86 o el 87, estaban en un parón y me convenció para que escuchase sus canciones. A partir de ahí lo del tópico, pero es así, la banda sonora de una vida entera». Si a Manu le preguntas te dirá que su disco favorito es, precisamente, el primero, Esta Vida Me Va a Matar -«fueron los inicios, la producción es mejorable, pero son los temas que nos engancharon»- aunque su canción llegó años después. Pardao, el himno al cantautor callejero que nunca se ha comido nada pero jamás dejará tirada a su vieja guitarra mientras los charcos se sigan llenando de agua.

En el principio...

Así fueron los comienzos, desde el cortello en el que empezaron a ensayar, en Muíños, muy cerca de Barbadás, en 1980. Solo rocanrol. Buenas influencias pero poca mitomanía. El propio Charli no se prodiga en halagos hacia gente como los Rolling Stones, a los que telonearon en 1999. «Cando escoito esas historias de que Keith Richards caeu dun cocoteiro... Non, amigo, caíches polas escaleiras coma un vello calquera, pero ninguén se molesta en contrastalo», razonaba el bajista, verdadero corazón de la banda, este verano, en vísperas de su descarga en el Nordestazo de Malpica. Todo lo contrario ocurre con Ramones: «Portáronse moi ben, foron decentes, deixáronnos o equipo sen poñer trabas, sen trapalladas. Iso é ser un home, unha persoa». Charli aún conserva el telón que encargó para el concierto del 13 de noviembre de 1981 en el pabellón de Riazor, abriendo para las leyendas del punk rock neoyorquino. Al resto de los teloneros de aquella gira los despidió el público a botellazos. A ellos los colocó en el mapa. El idilio con A Coruña no ha decaído desde entonces. La tela de fondo le costó a Charli 18.000 pesetas.

... y hacia el final

35 años después del primer acorde, en Los Suaves ha pasado un poco de todo. Grandes discos, otros no tanto, pero siempre algo aprovechable en cada uno de ellos. Un buen puñado de músicos. La rítmica de Montxo Costoya, autor del riff de Dolores Se Llamaba Lola. Los solos de Hermes Alogo, el guitarra negro, el único suave que ha caído. Gelo y su salida nunca bien explicada. La llegada de Alberto Cereijo para revolucionar el sonido y la dirección musical del grupo, las enormes letras de Yosi, el desencanto, la pérdida. El boleto a su trabajo como policía. Las 80.000 personas en la playa de Riazor. La noticia de su hepatitis C, revelada por Charli en el 2011. El concierto de reunión. Y el anuncio de esta gira de despedida. El final será en Ourense, donde son profetas con plaza y dos medallas. Probablemente no más allá del año que viene, pero nadie le ha puesto fecha. Cualquiera se atreve a calzar los guantes del verdugo. La decisión de cortar por lo sano es, no obstante, firme. Lo explicó Charli: «Yosi ten controlada a enfermidade, non é iso, pero os anos pasan para todos e hai que morrer dignamente». Y también Alberto, días antes del Cultura Quente, en Caldas: «Es lo suficientemente importante como para que los cinco lo hayamos decidido de común acuerdo».

Pero, por encima de cualquier otro logro, lo que Los Suaves han conseguido a lo largo de todo este tiempo es atraer a un público extremadamente fiel, capaz de perdonar los bajones y las idas de pinza, los largos paseos por el filo del desmadre de Yosi, que ha vivido, bebido, leído y escrito su vida como ha querido para acabar remontando en esta etapa definitiva.

Suaveros Glotones

«En la primera fila vas a ver a treinta o cuarenta personas que son casi siempre las mismas», indica Cabaleiro, el hombre que retrata el final de la música. «Yo soy el tío de pelo blanco que sale ahí delante en los vídeos de Youtube», dice Ismael Parra, un conductor de ambulancias de 42 años que reside en Huesca. Fue allí, en la plaza de toros, donde por primera vez vio a Los Suaves: «Me acordaré toda la vida, era el año 92 y estaba haciendo la mili, un amigo de Binéfar que era muy fan me metió el gusanillo, fui y me alucinó. Entonces estaban Gelo y Montxo, no había Internet y te ibas enterando como podías de dónde y cuándo tocaban». Isma acostumbra a viajar con un amigo de Zaragoza -«juntos pero no revueltos, ¿eh?- y se ha metido entre pecho y espalda el 85 % de los bolos de esta gira de adiós. Sus discos, San Francisco Express y Maldita Sea Mi Suerte; su canción, Viajando Al Fin De La Noche.

 Los incondicionales acaban trabando amistad. «Fui conociendo gente a través del foro Maneras de Vivir y fuimos creciendo y  creciendo». Hay un grupo de WhatsApp, un nombre, «Suaveros Glotones, porque nos ponemos morados», y muy pocas ganas de que todo esto acabe. «Al grupo lo veo en lo más alto desde ¿Hay Alguien Ahí?, hasta creo que Yosi está arrepentido y a quien más pena le da es a él».

Esta adicción profunda bebe de la proximidad con la que los de Ourense han tratado a su gente desde el principio. «Non son como outros grupos, que rematan e marchan; respectan moito a xente, teñen moita paciencia, nunca din que non; logo de tocar tres horas sempre sae algún, Charli, Tino, Fernando... », subraya José González, de Lugo, que peina la gira junto a su mujer, Rosa Cordero. No se cortaron a la hora de subir al avión para estar con la banda en sus actuaciones de octubre en Londres y Edimburgo. «Parecía un concerto de aquí». Con Yosi, mucho ojo: «É unha persoa distinta, moi intelixente, sabe moito e está en plena forma. En directo fai o seu paripé, o seu show, e moita xente fala por falar, non teñen nin idea e moléstame. Yosi, aínda que máis reservado, é moi cariñoso e sabe quen o aprecia de verdade». Los dos se quedan con Si Yo Fuera Dios y Ese Día Piensa En Mí.

Parece que aún fue ayer

La voz y la poesía de humo de Yosi [media hora antes de cada concierto se aísla y es mejor no darle la brasa] emergen de un sonido afilado y virtuoso, que destroza las costuras del rock urbano en el que pudieron alinearse los ourensanos. La labor de Cereijo, reforzada con la llegada de Fernando Calvo y de Tino Mojón, tiene  la culpa. De su mano desembarcó hace seis años Óscar López, de Xinzo, para hacerse cargo de la mesa: «Son un grupo español con calidade americana, sempre modernizando o son, sempre pendentes». Para él, San Francisco Express resume las virtudes de un grupo al que nadie quiere dejar ir. «No me imagino el final», confiesa Manu Cabaleiro. Da igual. Lo hizo Yosi por todos hace tiempo: « La noche ya se gastó / el sueño empieza a caer / los recuerdos son cenizas / y parece que aún fue ayer».

Santiago. Sala Capitol. 11 de diciembre. 20.30 horas. Entradas agotadas desde la primera semana de noviembre