Segundo trabajo a su nombre tras la reconversión del 2012, «Paramales» ahonda en el carácter mestizo de su última obra. Ecléctico y divertido, se deja escuchar desvelando sorpresas.
11 dic 2015 . Actualizado a las 16:14 h.Si Atlántico (2012) fue un renacimiento, Paramales (2015) supone el paso ya firme de la criatura. Sin la expectación de otros tiempos, cuando copaba portadas de medios especializados, Xoel López habita encantado de la vida ese discreto segundo plano. Quienes lo siguen saben que ahí, precisamente ahí, se está desarrollando una de las trayectorias más personales del pop escrito en castellano.
-¿Es de los que piensa en música todos los días?
-No hay día que no piense en música. Es algo que forma parte de tu vida, como el aire que respiras. No me puedo desvincular de ella. Lo único que intento es desligarme del trabajo de la música. Cuando me fui a América ese era uno de mis objetivos: no dejar la música, sino tocarla por puro placer. En mi última época de Deluxe llegó a ser una obsesión. Todo era escribir música, incluso levantarte en medio de la noche para componer. Hay que poner un límite. Yo creo que ahora lo manejo bien.
-En Paramales apela a la música como chaleco salvavidas. ¿Por qué lo ha remarcado tanto esta vez?
-No sé, supongo que llegó un momento en el que tenía que agradecer a la música todo lo que ha hecho por mí. No era consciente. Salió, sin más. Cuando digo cosas como «yo solía buscar melodías para escapar» me refiero a la adolescencia, en la que la música era una forma de evasión. Otras, como Almas del norte, son un homenaje a esas noches de northern-soul de la época mod.
-¿Se podía haber titulado Bravo por la música?
-[Risas] Totalmente. Paramales es eso: lo que es la música para mí. Me parece una idea muy bonita para un disco.
-Alejandro Díez (Cooper) habla del derecho a una banda sonora pop más allá de la juventud. ¿Lo ve así?
-Sí, siempre he visto la música como para todas las edades, todos los estratos sociales y todo el mundo. No debería tener nunca una época de tu vida para luego dejarla como algo de la juventud, en plan «yo escuchaba a ese grupo cuando era joven pero ahora me dedico a otra cosa». Yo no compro la idea esa del rock n? roll como una cosa de juventud. Conozco a gente de 70 años que escucha más música que un quinceañero. Nunca le pondría edad a la música. Menos, a la canción popular.
-Reescuchando Paramales meses después, se revela como un disco impresionantemente ecléctico.
-En eso, a mí me recuerda a la primera época de Deluxe. Es como si saliera una parte de melómano, más juguetona. Tienen que ver mucho con la producción. Coges las mismas canciones y las tocas con una banda al uso y te queda un disco más unitario.
-A serea e o mariñeiro es su canción más extraña. ¿Podría ser, salvando las distancias, su Tomorrow Never Knows de The Beatles?
-Me gusta. Salvando las distancias, como dices, me parece un buen paralelismo. Empezó siendo muy sencilla y folclórica. Pero en la producción la llevamos a Saturno, a un sitio muy lejano. Supongo que Tomorrow Never Knows, tocándola con una acústica, es una canción normal. Me atreví a entrar en un lugar musical en el que no había estado nunca y sin referencias. Con esta edad y 13 discos cada vez cuesta más, pero es bueno no perder el espíritu de aventura.
-Existe una corriente de la crítica que se muestra contraria a la anglofilia, justo en paralelo a su transformación. ¿Se ve reflejado ahí?
-Puede que yo haya estado condicionado por lo que estaba en el ambiente. Lo mío fue un cambio de vida que se reflejó en la música, pero en América Latina me encontré con una corriente similar: la gente no quería hacer el típico sonido indie británico, sino que querían mirar más a su tierra. Eso te influye, claro.
-¿Y cómo se ve cuando se escucha a sí mismo haciendo en el 2001 esa música?
-Bueno, yo escuchaba música brasileña entonces. De hecho, en un disco de Deluxe hay una canción que se llama Caetano Veloso, que es un homenaje a él. En mi caso yo no dejo una cosa por otra, sino que amplío el repertorio: en mi música ahora todo tiene cabida. Yo no soy de «eso ya no lo hago, no me gusta». Otra cosa es cómo veo cosas de esa época. Me gustan, pero por ejemplo preferiría que los temas hubieran sido en castellano. Y los que son, como Que no, creo que la producción no creció bien. Era muy producto de la época. Hoy no me interesa ese sonido. La canción sí, pero no cómo se grabó.
Pontevedra. Pazo da Cultura. 11 de diciembre. 20.30 horas. 18 euros
Vigo. Teatro Afundación. 12 de diciembre. 21 horas. 16 euros