La escritura como paseo

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa EL RINCÓN DEL SIBARITA

FUGAS

03 ago 2015 . Actualizado a las 20:30 h.

Pasear sin rumbo es tal vez uno de los últimos actos de insurrección a los que nos podamos acoger cuando hasta el ocio está tasado, tecnificado y reducido a aplicaciones para el móvil. Lo sabe bien mi compañero de página Juan Carlos Martínez, que en su rincón En el coche de San Fernando ha cumplido el sueño de Álvaro Cunqueiro de llevar el canto del cuco, si no a la portada, al menos a la contraportada de un periódico. 

Lo sabía Robert Walser, que llegó a convertir el paseo en un género literario a la altura del viaje alrededor del cuarto o del propio cráneo. Y lo sabían otros sospechosos habituales como Walter Benjamin, Franz Hessel o Léon-Paul Fargue, que firmaron algunas de las obras maestras de la literatura andariega.

De Benjamin recupera en dos volúmenes el sello Abada su monumental Obra de los pasajes, mientras que Errata Naturae rescata dos títulos fundamentales (y tal vez fundacionales) del flâneurismo: El peatón de París, de Fargue, y Paseos por Berlín, de Hessel.

El paseante vocacional no va por ahí haciendo de turista en su propia ciudad, ni tiene afán de guía de sí mismo. Lo que busca es precisamente encontrar lo que no busca, el detalle que permanece agazapado hasta que llega el ocioso flâneur y lo saca de entre las piedras y los muertos.

Lo dijo mucho mejor, claro, Walter Benjamin en su reseña del libro de Hessel: 

-Las grandes reminiscencias, los escalofríos históricos son para el auténtico flâneur una limosna que de buen grado deja para el viajero. Y todo lo que este sabe de talleres de artistas, casas natales o mansiones principescas, el flâneur lo cede a cambio del olor de un simple umbral o del tacto de una sola de sus losas tal como los capta el primer perro que pasa.

Son estos, felizmente, libros de baldosas, de zaguanes, de esquinas, de pasadizos, y no de monumentos y multitudes. 

Porque como apuntó Hessel, y demostraron Benjamin y Fargue, el genuino flâneur a lo que se dedica en realidad es a leer la calle.