Camba y las sardinas

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa EL RINCÓN DEL SIBARITA

FUGAS

19 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

En El solitario del Palace, el ya famoso obituario con el que César González Ruano despidió el 2 de marzo de 1962 a Julio Camba, planteaba el necrólogo la tesis de que la gastronomía era en realidad el único amor genuino del columnista arousano: «Es que todo -salvo las excelencias de la cocina- le tenía humilde, irremisible e insobornablemente sin cuidado».

Recordaba Ruano una ocasión en que se atrevió a interrogar a Camba sobre la cuestión:

-Bueno, pero aparte de sentarse a una buena mesa, ¿qué demonios le interesa a usted?

«Julio se quedaba pensando, como buscando con la mejor intención en los desvanes de su memoria, y no contestaba», anotaba González Ruano, a quien fascinaba la capacidad de Camba para renegar de la literatura y el periodismo. Tenía un don, era un superdotado del articulismo, pero ese mismo talento lo consideraba más que nada un estorbo que le impedía dedicarse a remolonear, que era su auténtica vocación.