Karl Schlögel: «Las víctimas del estalinismo no sabían por qué se las perseguía»

FUGAS

BENITO ORDOÑEZ

Es autor de «Terror y utopía. Moscú en 1937», un libro escalofriante que narra paralelamente cómo se desarrollaba una aterradora ola de terror mientras se vivía un ambiente de entusiasmo con la modernización que estaba experimentando la capital soviética. El historiador alemán Karl Schlögel ofrece una novedosa panorámica del estalinismo en una obra fundamental

15 may 2015 . Actualizado a las 09:28 h.

Asegura que lo más difícil para contar los acontecimientos que tuvieron lugar en Moscú en 1937 fue encontrar una «narrativa de la simultaneidad». La halló utilizando la idea del vuelo fantástico sobre Moscú de Margarita, el personaje de la célebre novela alegórica de Mijail Bulgákov El maestro y Margarita. «De un vistazo domina todo el escenario, entra en los hogares, en los espacios públicos y en los centros de la represión», explica Karl Schlögel (Allgäu, 1948). Antiguo activista maoísta, le marcó la lectura en 1969 del libro El gran terror de Robert Conquest sobre las purgas de Stalin. Trabajó como traductor y periodista y es profesor de Historia de Europa del Este en la Universidad Europea de Viadrina (Fráncfort del Óder) desde 1994 y autor de diversas obras sobre la historia de Rusia. Terror y utopía. Moscú en 1937 recibió en el 2012 el Premio de Leipzig para el Entendimiento Europeo.

-¿Por qué decidió centrarse en lo que sucedió en Moscú en ese año concreto, 1937?

-Quería descubrir cómo fue posible que la violencia, la persecución y el terror pudieron coincidir simultáneamente y en el mismo espacio con la ilusión, la experimentación, el entusiasmo, la modernización y la utopía. Es uno de los enigmas más grandes en la historia europea, aquel año fue algo así como un inconcebible exceso dentro de una historia ya de por sí excesiva. Entre 1937 y 1938 aproximadamente dos millones de personas fueron detenidas y unas 700.000 asesinadas, todo ello siguiendo un plan, una directiva, que tenía su número, 0047. La inmensa mayoría de las víctimas no sabían cuál era la razón por la que se les perseguía. Cualquiera podía ser declarado enemigo por el régimen estalinista. Mientras en otros sistemas represivos los perseguidos sabían por qué lo eran, en el caso soviético no estaba claro. Esa pregunta es lo que me movió a escribir el libro.

-Al mismo tiempo que se desarrollaba el Gran Terror tenía lugar la modernización de Moscú.

-Este es precisamente el tema central de mi investigación, cómo se pudo compaginar esta violencia extrema por un lado y un ambiente lleno de entusiasmo y de comienzo de algo nuevo por otro. En 1937 había una gran actividad intelectual en Moscú, donde se celebraban congresos internacionales de cineastas, arquitectos o geólogos. Al tiempo que se construían infraestructuras. Pero mientras se celebraba el centenario del gran poeta ruso Pushkin tenían lugar los procesos de Moscú y había manifestaciones en las que se pedía la pena de muerte para los acusados. Era una mezcla de cultura y terror. Hasta ahora ha habido una división entre los estudios que se ocupan más de la violencia, del terror, de los campos de concentración, y los que se centran en la arquitectura, el urbanismo o el arte de la época. En mi libro he intentado aunar estas dos tendencias, esta simultaneidad en el tiempo y en el espacio de los dos fenómenos. Eso es lo que me interesaba.