Con banda, pero también con dignidad

Javier Becerra
Javier Becerra RETROALIMENTACIÓN

FUGAS

Asumido ya que la mayoría de los conciertos acústicos de artistas que editan en eléctrico suelen ser un bluff, el público se lo piensa mucho cuando le venden «intimismo» y «desnudez». Salvo excepciones (como Jeff Tweddy, por ejemplo), todo suele terminar en directos capados por un criterio económico, no artístico. Son tantos palos en bolos de nombres grandes que la pregunta es obligada: ¿Viene solo o con banda?

Cuidado. Empieza a detectarse otra tendencia: actuar con un simulacro de grupo. En febrero estuvo en A Coruña Sterling Roswell, excomponente de Spacemen 3. Y un caradura. Se plantó en el escenario con dos acompañantes. Ella tocaba las maracas. Él le daba a los bongós adormilado. A cada cual peor. Al final, una olvidable exhibición de ruido gratuito puso el broche.  

La semana pasada tuvimos otra experiencia traumática por aquí con Micah P. Hinson. Pintaba a noche memorable, pero fue aún peor que la de Roswell. El americano dilapidó su excelente repertorio con un recital bochornoso. La batería que lo acompañaba no sabía tocar. Pero nada de nada. Micah se adaptaba a ella como podía. Y el bajista era incapaz de arreglarlo. La gente se miraba. Primero, incrédula. Luego, indignada. Un desastre.

Visto lo visto, ahora no solo habrá que preguntar si el artista viene con banda. También si sus músicos han pasado del primer ensayo.