Hemos vivido la escena cientos de veces: el concierto se retrasa hasta que termine nosequé partido de fútbol de relevancia interplanetaria. El fútbol manda hasta más allá de sus fueros y al resto del mundo solo le queda resignación y paciencia. Pero el rock le ganó una batalla al fútbol recientemente. Una batalla insignificante y tontorrona, pero que ahí está, qué caray. La Asociación de la Prensa de La Coruña organizó en el Centro Galego das Artes da Imaxe (CGAI) un ciclo de cine documental en cuyo montaje pude participar. El plan era genial: abriríamos el ciclo con la película sobre Messi dirigida por Álex de la Iglesia para que la sala se llenase y se diese a conocer el ciclo. Y ya el segundo día pondríamos 20.000 días en la Tierra, documental sobre el músico australiano Nick Cave, con la esperanza de que la inercia del éxito del la peli anterior llevase a alguien a la sala. Pues bien, el documental de Messi registró una entrada de medio aforo, siendo generosos, mientras que en el de Cave, contra todo pronóstico, se quedó gente en la calle ante el abarrote de la sala. Será que aquel día el Barça jugaba contra el Locomotivo de Buyumbura o que, como apuntó alguien, los futboleros no saben dónde queda el CGAI, pero el caso es que, por una vez, Cave vendió más entradas que Messi.