«Nací cuando comencé a correr»

Xosé Ramón Castro
x. r. castro VIGO / LA VOZ

FIRMAS

La atleta en una de sus primeras competiciones en pista.
La atleta en una de sus primeras competiciones en pista.

La viguesa Loly García, que se inició en el atletismo en 1964, acumula 50 años sin interrupción como atleta y tiene la licencia más antigua en activo en España

31 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Comenzó a correr en 1964, cuando tenía 14 años, y cincuenta después todavía no ha parado. Loly García Pérez acumula medio siglo ininterrumpido de práctica atlética, por eso a nadie le puede extrañar que la viguesa tenga la licencia en activo más antigua del atletismo español con el número 2.097. Fue la primera mujer en bajar del minuto en Galicia en los 400 metros, reinó en el 800 a nivel español, fue campeona de Europa de media maratón y bronce en el Mundial de cros de veteranos. E integrante de la primera selección española femenina de la historia, que data de 1966.

«En el año 64, que fue cuando el Celta de fútbol hizo la sección de mujeres, mi hermano que estudiaba en los Jesuitas y corría en el Celta me dijo que iban a hacer equipo y me propuso correr». Así recuerda su inicio, con un pantalón de su hermano cortado para la ocasión y con unas zapatillas prestadas. Con esta pinta acudió a Balaídos y comenzó a correr. Meses después vivió por la tele la Olimpiada de Tokio «y dije: ?Esta es mi vida? y comencé a correr». Era la única mujer en aquella época y corría con chicos, entre los que se encontraba Javier Álvarez Salgado, fondista olímpico gallego y su compañero sentimental a lo largo de medio siglo. «Mi vida se inició cuando comencé a correr. Fue tanta pasión por el atletismo y por Javier que más atrás no recuerdo. Nací cuando comencé a correr».

El fallo médico

A cambio de calzarse las zapatillas tuvo que soportar de todo en una sociedad que no estaba preparada para la irrupción de la mujer en el mundo del atletismo. «No tienes vergüenza», le gritaban en la Alameda cuando corrió su primer Pavo -la carrera más longeva viguesa-. «Non sei o que lle pasa a túa neta que anda por aí correndo», le decían los vecinos de la localidad ourensana de Carballeda de Avia cada vez que iba a visitar a su abuela. «Pensaban que estaba loca», recuerda Loly, que incluso años más tarde tuvo que escuchar cómo un médico le decía que «si seguía corriendo no podría tener hijos». Tuvo tres.

Loly comenzó en los 100 metros, luego se pasó a los 400, su distancia preferida y en donde consiguió una marca de primer nivel para la época (59s 08d) para a continuación subir hasta los 800 metros, distancia en la que fue campeona de España de pista cubierta en Madrid.

Más tarde le llegó la ruta en todo su abanico, con un maratón incluido. «Es una experiencia increíble. Cuando acabé dije que después de tener a mis hijos había sido lo más». Ahora, se dedica a coleccionar populares. «Me apunto a todas, me da igual las distancias, yo las corro». Con dos máximas: colocarse delante y salir fuerte y no conocer de antemano el recorrido.

Pero el mérito superlativo de García Pérez aparece en la continuidad. Sus parones a lo largo de medio siglo ligada al atletismo se ciñen en exclusiva a sus embarazos, porque tras un tiempo de recuperación enseguida volvía a la pista. «Solo paré para tenerlos, después los llevaba a Balaídos, les daba el pecho y volvía a correr». Y eso que otro médico le advertía de que «se podía cortar la leche». Lilian, su primogénita, engordó al ritmo de un cuarto de kilo por semana. Le pusieron el nombre por su admirada Lillian Board, una cuatrocentista británica de la época.

En su primera etapa tuvo entrenadores como Alfonso Ortega en Vigo o José Manuel Ballesteros, seleccionador español de entonces, cuando se mudó a Madrid por la carrera militar de su padre. Pero desde hace muchos años va por libre por el asesoramiento de Javier Álvarez Salgado, que se declara orgulloso de ser su asistente. «Yo no tengo plan de entrenamiento, sino lo que el cuerpo me pida». Y en esas lleva 30 años entrenando en el asfalto en el tramo que va desde la localidad de Priegue (Nigrán) hasta las pistas de atletismo de Balaídos. «Ya formo parte del paisaje, todo el mundo me saluda», comenta entre risas mientras su esposo recuerda que jamás ha tenido una lesión.

No hay fecha de caducidad

Con 64 años a cuestas y una vitalidad fuera de lo normal, Loly no se pone fecha de caducidad. «No hay fecha, ese es el problema», comenta mientras desvela uno de sus secretos: «Mientras vas cumpliendo años los segundos te van comiendo por las patas», cuestión que se traduce en que cada tres años nota que va perdiendo ritmo en el kilómetro, que ahora hace a 4m 47s. A cambio, ha ido depurando su técnica hasta rentabilizar al máximo el esfuerzo: «Siempre he tenido la zancada larga, siempre aproveché mi físico y el movimiento de los brazos, y eso ahora lo tengo más depurado que antes». El fruto de 50 años ininterrumpidos. Toda una vida enganchada a la pasión de correr.