Los pilares de la metrópolis

TAREIXA TABOADA OURENSE

FIRMAS

Santi M. Amil

«Comezo», de Patricia Fernández, se expone estas Navidades en el Liceo de Ourense

22 dic 2014 . Actualizado a las 04:00 h.

«Cierra los ojos y escucha el canto de las sirenas en la noche plateada de anuncios luminosos. La noche tiene cálidas avenidas azules. Sombras abrazan sombras en piscinas y bares. En el oscuro cielo combatían los astros cuando murió de amor y era como si oliera muy despacio un perfume». Pere Gimferrer.

El Liceo de Ourense presenta Comezo ópera prima de Patricia Fernández Paz, que reproduce sus arquitecturas urbanas de corte retrofuturista y sus paisajes heridos de silencio. La luna dibuja una sonrisa al revés en un cielo inexistente y cobalto. Los edificios se recortan en silueta escuálida y armonía de grises y blancos iluminados por un amarillo agónico, reflejo del atardecer en las formas construidas como volúmenes geométricos y oscurecidas por el uso de tinta china con el minarete arañando el cielo de una ciudad sumergida como periscopio. Viaductos construidos mediante fuertes empastes realizados a espátula con una línea de profundidad vertiginosa que cae en picado, en la mirada ascendente del espectador, aplastado contra el suelo y reforzando la verticalidad colosal y sobrecogedora de los pilares como un abandonado dinosaurio que recorta su piel de hierro y hormigón sobre el azul tembloroso de la niebla como el esqueleto urbano de un extraño animal. Exotismo en el tríptico Atardecer en oriente donde la luz anaranjada de la media tarde ilumina melancólica una ciudad deshabitada. La gama cromática reproduce el ardiente sol del desierto en sus tonos terracota y sepia caliente, rojos y ocres profundos, iluminados con dorado que centellea como cristales rotos en sus haces prismáticos, sobre el azul cobalto del infinito celeste. La ciudad se construye sobre bloques arenosos espejo de un sol insaciable e iriscente como una estufa de butano que se refleja en las cúpulas redondeadas creando un juego de volúmenes con el protagonismo granítico de la textura sobre la línea de cerramiento en los bloques empastados.

La metrópolis se construye en planos paracinematográficos y arriesgadas perspectivas inspiradas en el cómic de Frank Miller, la oscura Sin City y un moderno expresionismo heredado del cine vanguardista alemán en perspectivas insólitas propias del vértigo reforzada por las líneas prismáticas y ventrales de los escarpados e hipnóticos skyline. Rascacielos en una noche perpetua, insomne y solitaria que se cierne sobre el cielo oscurecido en las líneas que transforman la ciudad telúrica. Establece una alteración en la escala, los abruptos contrapicados, la imagen en perspectiva de abajo arriba que provocan un efecto de control, poder y seguridad, situando al espectador en una aparente situación de inferioridad.

La introducción del collage en fragmentos vinílicos subraya la experimentación en la textura ideando cromáticos volúmenes con los empastes propios del acrílico al ser practicados con espátula. Los colores refuerzan su valor expresivo sin mezclarse. El puente sacro con un interesante tratamiento del agua verdosa y de sus arcos como pretéritas osamentas espinadas en sus pilares húmedos.

Un Coliseum secuencia su galería de arcos peraltados, esqueleto fósil de un pasado victorioso que devuelve la imagen revertida como a través de un objetivo de ojo de pez.

crítica de arte