En julio del 2012, el gobierno local de Pontevedra comenzó a gestar una de sus decisiones más polémicas del actual mandato: unificar la concesión de las piscinas de Campolongo con la del futuro complejo lúdico-deportivo de A Parda, cuya construcción se incluiría en el mismo contrato.
Esta decisión del ala socialista del gobierno local implicó alargar hasta que se adjudique el concurso la vida útil de las instalaciones de Campolongo, que piden a gritos una reforma desde hace bastante tiempo.
Además, provocó el rechazo de la oposición municipal, que ve en la operación un intento de privatización de unas instalaciones, las de A Parda, que deberían ser públicas. En cualquier caso, lo que expone la maniobra municipal es el clamoroso fracaso de la Xunta en la construcción de este complejo.
En julio de este año, dos años después de tomarse la decisión, el Concello aprobó el anteproyecto, que se expuso al público sin recibir ninguna alegación. Se prevé una inversión de seis millones de euros (tres para ampliar y reformar Campolongo y tres para A Parda), y 40 años de concesión con un canon anual a determinar que no será cero, apuntó el pasado viernes Agustín Fernández. Desde septiembre se trabaja en el pliego de condiciones del nuevo concurso, una tramitación que aún no ha finalizado.