Hijo, nieto y bisnieto de armador, aparcó su título de abogado por el mar
17 nov 2014 . Actualizado a las 04:00 h.Siendo hijo, nieto y bisnieto de armadores, estaba claro que la vida profesional de Santiago Montenegro iba a estar ligada al mar. Y eso que puso todos los mimbres para ser abogado. Se licenció en Derecho e incluso llegó a ejercer de pasante en el despacho de Valentín Paz Andrade, tarea que compaginaba con la asistencia a las subastas en la lonja, en este caso junto a su padre.
Corría el año 1964 y la Autoridad Portuaria del momento quería dejar en manos privadas la gestión de O Berbés. Armadores, subastadores, exportadores... decidieron unirse con el fin de frenar aquel intento y, si no era posible, optar a la concesión de la gestión para evitar que pudiera pasar a manos legas en la materia. Al final, la Autoridad Portuaria reconsideró su postura, pero vinieron otros problemas y otras reuniones y, casi sin darse cuenta y «desde luego sin buscarlo», Santiago Montenegro se vio al frente de la Cooperativa de Armadores de Vigo, una de las contadas que por entonces había en España. Explica que aunque nominalmente se creó en el 64, no empezó a funcionar de verdad hasta el 71. «Éramos 12, como los apóstoles. Carlos Gago, el primer gerente, y yo nos repartíamos las tareas con un único asalariado».
Trabajo no faltaba pero no había un duro. «Yo tenía que adelantar muchos días el dinero de la subasta», afirma. Recuerda la noche que bajó al portal de casa a realizar la entrega habitual del sobre que contenía muchos miles de pesetas y en vez de con el empleado se topó con un desconocido al que, en principio, se resistió a entregar el dinero. «Las vueltas que da la vida, aquel joven llegaría a ser con el tiempo gerente de la Cooperativa. Era Reinaldo Iglesias», dice.
Santiago Montenegro sostiene que «mantenerse eternamente en los cargos es una forma de corrupción total». Por eso, aunque ha pasado por varios, nunca ha ocupado ninguno más de ocho años. Dejó la Cooperativa en el 78, «cuando vendimos el Benigno Montenegro». Es un barco con historia que acabó poco después en el fondo del Atlántico.
Además de ser uno de los primeros congeladores que se construyó en la ría de Vigo, fue el buque en el que el rey Juan Carlos vivió su primera experiencia a bordo de un pesquero. «Vino de visita y comentó que nunca había tenido oportunidad de comprobar cómo era de verdad la vida a bordo. Le invitamos a vivir una jornada de pesca en el Benigno y aceptó encantado. Salimos de buena mañana y echamos la red a unas cuantas millas de Cíes. Preguntaba por todo y lo recorrió todo», explica.
Santiago Montenegro fue también uno de los protagonistas de la famosa huelga de armadores del puerto de Vigo en el 73. El motivo era que no querían pagar a la colla un sueldo y además una cuota de pescado. «La cosa fue tan gorda que llamó hasta el ministro Licinio de la Fuente para saber qué demonios estaba pasando en el puerto de Vigo», recuerda. A partir de entonces los ingresos de las collas -hoy sociedad de estiba- dejaron de incluir una parte en especie.
No hay lugar en España y pocos en el mundo en el que no haya vendido pescado Santiago Montenegro. «Los norteamericanos llevan fatal lo de las espinas. Por eso yo les vendía sobre todo pez espada. Me las arreglaba para poner en Nueva York y Miami a las cinco de la tarde hora local, el pescado que había descargado en O Berbés esa misma madrugada. Hasta la famosa campaña ?OTAN no, bases fuera?. Entonces se acabó».
Pero hasta que se jubiló nunca le faltaron clientes. «Solo ofrecía calidad», dice. Los pedidos llegaban desde los más prestigiosos restaurantes del país hasta de personajes tan conocidos como Julio Iglesias. El cantante cató una mariscada en casa de un amigo gallego y quiso repetir. Claro, el amigo le había comprado el producto a Santiago que, a partir de entonces, tuvo que suministrárselo varias veces más.