Doña Camila


Es hija de un importante industrial ganadero del siglo pasado; de cuando en Ourense había vacas, miles de vacas que producían leche, carne y dinerito. Ahora las sustituyeron por haraganes social-tecnócratas y esta provincia está como está. De Camila dijo su discípulo, el fallecido recordado-olvidado Luis Rivas Villanueva, que había sido su mejor profesora y que, todos, todos sus alumnos estaban enamorados de ella; y no era por menos, rubia, guapa; la Grace Kelly ourensana. Pertenece a esa pléyade de maestros que consiguieron, en pocos años, transformar esta provincia de semianalfabetos (el maestro de mi padre, D. Anacleto tenía 240 alumnos) a ser la generación mejor preparada de la historia. La periodista que la entrevistó fue un imprudente y no dijo verdad; me refiero a la edad. Debería saber, que las mujeres solo cumplen años dos veces. Los 18 y los 70; ni uno más. Está hecha una quinceañera, atendida y cuidada por su hijo Carlos Bouzo Loureiro. Toma el sol en Combarro y, en la playa, Camila deleita con su amenísima conversación a todos los ourensanos que en verano somos legión y mayoría. El año que viene moveremos a nuestros sabuesos en Pontevedra y conseguiremos que Iván Fandiño le brinde la muerte de un toro. Será el homenaje merecido a la aficionada ourensana con más solera y conocimientos.

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