«Cuando llegué aquí, no sé si es por el clima o por algún otro factor, me di cuenta de que no hay muchas verduras aquí, y me sorprendió, porque allí, en Taiwán, tenemos muchos tipos de verduras y frutas. Así que en el mercado estaba pensando que era siempre lo mismo: manzanas, naranjas... poco más», cuenta Gavi.
«Creo que es completamente diferente en cuanto a comida. Es lo que más echo de menos, porque la cultura de la comida es totalmente diferente», explica, y matiza: «Las cosas aquí son deliciosas, pero si pasas mucho tiempo lejos echas de menos la comida de tu tierra. Por ejemplo, el arroz: tenemos arroz aquí, pero es de un tipo completamente diferente, e incluso aunque lo cocines exactamente de la misma forma, sabrá diferente, no sé por qué». Entre sus descubrimientos gastronómicos en Galicia destaca los calamares, el pescado y el marisco.
Igual que Ole, que se decanta por los mejillones: «Los había probado en Francia, pero me gustan más los de aquí», asegura. Aunque, a la hora de cocinar en casa, dice que no son «tan valientes, así que nos conformamos con cosas alemanas y sencillas, como pasta, carne o patatas». «Bueno, la pasta no es muy alemana -confiesa-, pero la carne sí».
Y Manfred Vogelbacher, su compañero, asiente junto a él y sonríe.