Sergio, «O Gato» que vuela de pie

Hombre de familia, amigo de sus amigos y con las dos manos dispuestas a ayudar a quién se lo pide; extrovertido, sencillo y trabajador. Así definen al portero estrella del Celta sus más allegados en Catoira


Catoira / La Voz

Concha y sus dos Josés, padre e hijo, vivieron el martes con el corazón en un puño cuando a falta de 2 minutos para la conclusión de O Noso Derbi a Sergio Álvarez, O Gato de Catoira, le tocó defender el 2-1 con el bosnio Mendujanin presto al empate a 11 metros de la portería local de Balaídos. Tras su paradón, en las gradas la madre, el padre y el hermano del guardameta olívico se fundieron en un gran abrazo con el medio centenar de familiares, amigos y miembros de la peña celtista que luce con orgullo el nombre del cancerbero vikingo. Y también con medio estadio: «Alguén gritou que eramos os pais de Sergio, e abrazóusenos todo o mundo; tras o partido moitos viñan buscarnos para felicitarnos», recordaba ayer el padre en el Bar Conde de Dimo, sede de la peña de su hijo menor.

«Sergio está calando moitas bocas», dice su hermano mayor, José. «Foi buscando a súa oportunidade, ata que lle chegou; e co xamón na casa, non coma outros que o levaron con eles» al vestuario de Balaídos, comenta el patriarca. Y en contra de lo que puedan trasladar las frías líneas cinceladas en un papel, ni uno ni otro transmiten el menor atisbo de revanchismo. Porque escuchándolos un rato, y oyendo a quién los conoce, a cualquiera de los Álvarez Conde se les puede catalogar con los mismos adjetivos con los que van describiendo a su ídolo.

«Ao pouco de chegar ao Celta -con 17 años- alguén lle dixo que que pena que non fose máis alto coa calidade que tiña, e Sergio contestoulle que se son pequeno saltarei máis», recuerda su madre. Trabajador y extrovertido, así es O Gato de Catoira.

«Desde os 8 aos 17 anos -su etapa en el Arousa- a súa vida era ir ao colexio, facer os deberes, adestrar e durmir», hasta el punto, desvela Concha, de que cuando comenzó a sonar su nombre en el Celta «en Catoira non sabían que era de aquí». Su ansia por triunfar en el balompié destapó a un niño sumamente disciplinado, que con 8 años se hacía solo kilómetro y medio hasta la parada del bus, y el trayecto entre la estación de Vilagarcía y A Lomba -a la vuelta lo recogía su padre-.

A jugar dedicaba los recreos del colegio, y los fines de semana, con pachangas familiares. «Non era de estar na casa. Era moi traste. Sempre estaba a correr, e saltar, imposible que quedase quieto. Chegaba á casa con cortes. Agora é máis tranquilo», rememora el hermano de un Sergio que sigue atesorando la limpia sencillez de quién no ha cambiado en su cabeza el mobiliario de la familia humilde de la que procede.

«Vive en Vigo, pero en canto pode vén á casa e pide axudarme. Vendima, vai aos toxos... Pouco antes do verán axudoume a sacar 7 maquinillos de esterco da corte dos porcos», relata el progenitor.

Sergio es inmune a la titularidad en el equipo de moda en la Liga de las Estrellas. «Non se lle subíu nada. Non cambiou a súa forma de falar, nin de ser», asegura José María Conde, dueño del bar que sirve de sede a la peña celtista catoirense. «Este ano xa foi dúas veces a dar unha charla ao colexio. E en Nadal segue a botar as súas pachangas cos amigos. Cando lle piden ir botar unha man, el vai». Sergio, O Gato que vuela sin despegar los pies del suelo.

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