«Todo el clero era cliente hace años del banco Olimpio Pérez»

xosé manuel cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

FIRMAS

SANDRA ALONSO

Es el presidente de la asociación de vecinos A Galea, que acaba de crearse

22 sep 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Enrique es un veterano de la banca compostelana que hace poco abandonó su oficio tras 44 años de servicio. Entró como botones («todos entraban así en aquella época, en donde llegamos a ser 30 botones») el 22 de febrero de 1965 en la oficina principal de Hijos de Olimpio Pérez, hoy Sabadell-Gallego. Ya por entonces residía en la casa familiar de Raxoi, 6, la misma que ocupa hoy. El ambiente en las dependencias de Cervantes era entrañable: «En el banco éramos una gran familia, en donde se sabía todo, si íbamos a misa o no». Eso hoy suena a chino: «Son dos mundos tan opuestos que no se parecen en nada. Hoy la gente en los bancos es menos que un número».

Enrique vivió una crisis y la entrada del Central de Alfonso Escámez. A esas alturas, y subiendo los peldaños del escalafón, era apoderado. Luego pasó a interventor de la oficina principal del entonces Banco de Crédito e Inversiones: «Estoy contento porque pasé por puestos importantes y de confianza».

El banco tenía mucha clientela. Curiosamente, en la primera etapa las sotanas barrían los escalones de la oficina: «El clero era todo de Olimpio Pérez. No había un sacerdote que no tuviese cuenta aquí». ¿Y cómo se trataban? «Muy bien». Los jueves el mínimo relax era imposible. La feria atraía a la ciudad y al banco a riadas de personas. Las colas eran de órdago: «Venía toda la gente de las aldeas». Una estampa que adquirió el color sepia: «Hoy hay oficinas en cualquier sitio. Antes no había otro remedio que ir a las ciudades».

La competencia de los bancos no entrañaba la ferocidad actual. Pero sí la había con las pagas extras. Si otro banco abonaba una cierto día, el de Cervantes no iba a ser menos: «Por cualquier motivo daban una extra». Los dientes del redactor se alargan como un acto reflejo.

El cierre de la oficina de Cervantes fue duro: «Sentí una pena grande al dejarla. Trabajé ahí 39 años y era mi segunda casa».

Mundo vecinal

Junto a su actividad bancaria, el mundo deportivo y el entorno vecinal suscitaron el interés de Enrique, que ha seguido en estos últimos años las obras de la rúa Raxoi y ha ido a menudo al pazo homónimo para abordar los problemas de la intervención: «Es que apareció una fuente en San Clemente y los dineros de la obra de la rúa Raxoi los han metido ahí en detrimento nuestro».

Este y otros problemas le hicieron meditar la necesidad de fundar una asociación de vecinos. Ya está creada. Se llama A Galea, denominación que tenían las huertas de la zona. La entidad abarca Raxoi, Trindade, San Clemente, Figueroa y Entrecercas. En los próximos días la directiva presidida por Enrique Martínez convocará a los vecinos a una reunión para analizar las necesidades y demandas e involucrar a los residentes: «Ya me llamó el edil José Rosende para conocerme».

En el plano deportivo, Enrique se encargó de poner en marcha la nueva etapa del club de baloncesto Peleteiro, a petición del director del centro. El equipo ha llegado a figurar en la liga EBA, pero era «complicado y costoso» mantener un elenco de altura. Por la cancha del Peleteiro han pasado más de una vez, sin embargo, ojeadores del Barcelona y del Real Madrid: «Es una buena escuela de baloncesto».

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Enrique Martínez Pena

Profesión

Empleado de banca, interventor.