El paripé de la visita turística de los reyes al Pereiro


Septiembre sentó sus reales con el anuncio de la visita de la realeza a los predios ourensanos. El día 2 contaba La Voz que los reyes de España «inaugurarán» el curso escolar 2014-2015 en el colegio Ben-Cho-Shey de O Pereiro con una semana de retraso. Todo un paripé para iniciar otro curso, el político. El 16 se movilizarán centenares de personas pagadas con fondos públicos (agentes del orden, políticos, funcionarios?) para que Ourense tenga unos segundos en algún telediario y una foto en el Hola. La presencia real es un mero viaje turístico. A los reyes los traen a la última provincia de España para que reciban una dosis de aplausos entregados y alejarlos del ruido mediático que generaría su presencia en otras provincias que no es menester señalar.

Los que programaron el viaje demuestran desconocer muchas cosas de O Pereiro de Aguiar. Desde la anecdótica de que el director del centro, Antón Gómez, (exedil del BNG en Ourense y sindicalista de la CIG) es un republicano recalcitrante, hasta la de más hondura ideológica de elegir el colegio al que da nombre Xosé Ramón Fernández Oxea, Ben-Cho-Shey, un inspector de enseñanza ourensano represaliado y expulsado de su tierra por republicano y galleguista. Los que traen a los reyes también desconocen ese dicho («xente do Pereiro, tropa do carallo») que los nativos llevamos con orgullo y la sorna que brota a orillas del embalse de Cachamuíña y que se resume en esta conversación entre jubilados: «¿Sabes que van a traer ó Felipe e á Leticia ó Pereiro?» / «Vaia o, paréceme mal que leven ó Pereiro a istes que inda empezaron onte e non ós que levan anos facendo falcatruadas». El acto montado para el 16 en Ourense no ayuda a consolidar la idea de que la monarquía del siglo XXI sirve para algo más que para posados fotográficos e inauguraciones ficticias. Dicen que los reyes querían visitar un colegio rural y le eligen al que, con sus decenas de empresas (entre ellas Lonia Textil, Eurostyle o Galmédica) y sus 6.326 vecinos (además de los más de 500 que viven en la prisión provincial), contrasta con la mayoría que están inmersos en una progresiva desertización y empobrecimiento. Otra cosa habría que escribir si los reyes viajasen a cualquiera de los múltiples ayuntamientos de menos de mil habitantes que se mueren por su natalidad nula y la huida de sus vecinos en búsqueda de un mañana. Mejor sería que los monarcas, en lugar de limitarse a hacer mimos a unos niños en un día lectivo, se dedicasen a conocer la realidad de la provincia e impulsasen, con su intermediación, un camino que mudase el papel de Cenicienta que tiene Ourense en el conjunto de España. Me temo que esto no ocurrirá y que el paso de los jóvenes monarcas deje huellas de este tenor: «Pues Leticia no traía los pantalones rotos», «Felipe está más atractivo que cuando cenó en la Adega», «pues yo le dije a Leticia que estaba muy guapa», «y yo le di la mano»? La semana de La Voz nos dejó este impacto mediático que eclipsó otros (la soledad absoluta del gobierno de la capital, las refriegas para colocarse en las listas o los fervores marianos) que a la luz de la presencia turística del Jefe del Estado parecen meras, y cotidianas, menudencias.

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