María Amelia Rodríguez no falta a ninguna de las citas religiosas de la capital para vender dulces y también velas
31 ago 2014 . Actualizado a las 06:00 h.Con 73 años María Amelia Rodríguez es devota de muchos santos y no se pierde una romería, pero no solo por sentimiento sino también por necesitad. Y es que acude a las celebraciones religiosas de Ourense año tras año para vender rosquillas y velas. «Estoy en San Lázaro, Nuestra Señora de Fátima, Santa Marta, Os Remedios y A Ponte, siempre en la ciudad», asegura.
A las las once monta su puesto, que se compone de dos mesitas, una silla y una sombrilla, dispuesta a pasar el día para ganar un dinero que ayude a su familia. «Saco poco, a lo mejor 50 euros, y estoy sentada sin moverme, que después de todo el día se me hinchan las piernas. Pero lo necesito para vivir», cuenta María Amelia emocionada.
Más de treinta años en las romerías le permiten tener una perspectiva de cómo han ido evolucionando a lo largo del tiempo. «Antes había más devoción y venía mucha gente. Ahora parece que viene alguna menos, aunque hay algunos santos que siguen teniendo muchos fieles que acuden todos los años, sobre todo la gente mayor», relata María Amelia. También ha ido viendo cómo su clientela ha ido variando. Antes era casi una tradición que las familias, los mayores o los jóvenes, compraran las rosquillas cuando iban a las fiestas patronales. Actualmente en el mercado se pueden encontrar infinidad de dulces y eso, asegura, se nota: «Lo normal es que las rosquillas ya solo las compre la gente mayor porque a los jóvenes no le interesa. Y también me doy cuenta de que miran el bolsillo por la crisis».
María Amelia piensa que la segunda generación de su familia se encargará de tomar el relevo. «Creo que mi hijo seguirá vendiendo rosquillas porque tiene un ojo malo y con los 300 euros de la pensión no le da para vivir», concluye pensando en el futuro.