En el BNG torean de salón

La Voz

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La concejala de Festas, Carme da Silva, niega la importancia socioeconómica de los espectáculos taurinos en una clara pose política dirigida a los tendidos nacionalistas

02 ago 2014 . Actualizado a las 21:55 h.

En política es una práctica común el empleo argumental de la obcecación. Carme da Silva, la concejala de Festas de Pontevedra, acaba de ofrecernos un ejemplo excelso al pretender negar la evidencia. Hace una semana, en la entrevista que Elena Larriba le hizo en estas mismas páginas, la concejala, que lleva trece años en la gestión municipal, dijo que «as festas de Pontevedra poden pasar perfectamente sen as touradas». Agregó que «nin identifican» ni constituyen un «elemento determinante como atractivo das festas».

Y de remate, la excusa. Según la principal responsable de los festejos de verano, el Concello «nin ten que ver con iso [los toros], nin tampouco podemos facer nada; é unha praza privada que desenvolve unha actividade autorizada pola administración que lle compete».

Permítanme dejar sentada una cuestión previa: ni soy taurino ni antitaurino; más bien ecléctico. Pienso que en Pontevedra no hay caldo de cultivo para ese pretendido debate «toros, sí; toros, no». Es evidente que los colectivos contrarios han ganado en los últimos años cierto protagonismo mediático con la complicidad sorda de un sector del gobierno municipal (solo el nacionalista porque los del PSOE, sí van a los toros). Pero el predicamento social que hayan podido obtener los antitouradas está a la vista. Solo basta observar el seguimiento que vienen cosechando sus movilizaciones y peticiones. Muy escaso todavía.

Aquí y ahora el asunto es otro y no llega a categoría de debate. Se puede formular así: ya que existen los toros, se vienen celebrando en Pontevedra espectáculos desde hace 40 años que movilizan a un caudal de gente y contamos con la única plaza permanente de Galicia... ¿A qué viene ese empeño de una parte del gobierno municipal en negar la evidencia? Creo que la contestación es evidente: puro postureo político.

Aunque Lores y sus colaboradores hayan ido aclimatándose a convivir con algunas tradiciones y características de la sociedad pontevedresa (no sin sobresaltos), de vez en cuando se les saltan los plomos. Y en determinados momentos políticos como este, después de las europeas, estos cargos públicos del BNG están más predispuestos a la pose de escaparate que al pragmatismo del poder.

Complicidad

Es como una necesidad de buscar el guiño de complicidad con ciertos segmentos sociales y electorales quizás ante el temor de que se les escapen. Aunque sea a costa de dar la impresión de que prefieren la ortodoxia al sentido común. Lo cual no es cierto.

Salvo alguien que se haya caído de otro planeta, nadie en su sano juicio discutiría el gentío que mueven los toros en Pontevedra durante los cuatro días de espectáculos que normalmente se programan. Tanto por los que asisten dentro de la plaza como por cuantos se mueven alrededor de la misma. Pues ya se sabe que hay Peñas Taurinas (con mayúsculas, las de veras, de las que van a los tendidos y disfrutan los toros) y cientos de peñas compuestas por miles de chavales y adolescentes que aprovechan el reclamo para el jolgorio por la ciudad pero que ni rozan la plaza de San Roque.

Todo ello constituye un movimiento en secuencia que parte de la premisa de los toros y genera un dineral en la ciudad.

Es tan indiscutible como que la Feira Franca es un éxito que debe cultivarse porque se ha constituido en un colofón extraordinario de las fiestas de verano. O tan innegable como el acierto que tuvieron Lores y su gabinete en recuperar las fiestas para el centro de la ciudad, rescatándolas del exilio en el recinto ferial, donde no se respiraba el ambiente que sí generan en la Alameda y entorno.

Otros matices

En el discurso de la concejala de Festas y por extensión del grupo municipal del BNG, hay otros matices que observar.

Es verdad que el Concello de Pontevedra no da un euro directamente para toros. Pero también es radicalmente cierto que se firma con la empresa propietaria de la plaza de San Roque, un convenio anual para la utilización del coso para determinadas actividades, particularmente espectáculos vinculados a la Feira Franca, a cambio de una contraprestación. Que esa relación entre la empresa de los Lozano y los gobiernos de Lores arrancó en el año 2000, con una primera contraprestación municipal de 36.000 euros.

¿El alcalde y los suyos lo siguen haciendo poniéndose la pinza en la nariz? Puede. Lo cierto es que hubo y hay colaboración mutua entre Concello y la empresa taurina. Hay cooperación, interacción y mutua necesidad.

Negarlo es una pose «muy BNG», como la que Carme da Silva acaba de brindar a los tendidos más ortodoxos del nacionalismo frentista.