De verbena en verbena hasta el otoño

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Además de las fiestas más antiguas de la ciudad, las calles rivalizaban por organizar los mejores bailes, siempre promovidos por un grupo de «simpáticas señoritas»

20 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Los años veinte también parece que fueron felices en Vigo, a juzgar por el número de fiestas y verbenas que se celebraban. A las habituales celebraciones de la ciudad, como son las fiestas del Cristo de la Victoria o Reconquista, la patrona y San Roque, o los tradicionales festejos de las parroquias, como Coia, Bouzas o Teis, se sumaban entonces un sinfín de pequeñas verbenas centradas en algunas calles.

En los primeros días de julio tenía lugar un gran folión en las calles María Berdiales y Manuel Núñez organizado por cuatro «simpáticas señoritas». La música la ponía una banda y gaitas del país. «Lucirá una hermosa iluminación a la veneciana», se indicaba al vecindario.

En la víspera del día del Apóstol Santiago tenía lugar otra verbena en la avenida de García Barbón, «iluminada con bombillas de colores y focos eléctricos». El fiestón concluyó a altas horas de la madrugada.

En el Casco Vello no se quedaron atrás y «un grupo de animadas vecinas» realizó los preparativos para disfrutar de una verbena en la calle Real en honor de la Virgen del Carmen. «Una afinada banda de música y varias gaitas del país amenizaron la verbena, durante la que se elevaron caprichosos globos y se quemaron variados fuegos de aire».

La siguiente cita con el jolgorio veraniego tuvo lugar en Los Caños, entonces aún en el Ayuntamiento de Lavadores. En plena avenida de Sanjurjo Badía se montó el baile nocturno, en el que no faltó la presencia de fuegos artificiales. Pocos días después, la compañía de Tranvías Eléctricos de Vigo anunciaba servicios extraordinarios para atender la demanda generada por las fiestas de Bouzas. En días posteriores aún hubo verbenas en las calles Poboadores, San Lorenzo, Chao y en el barrio de Guixar, en este caso, con motivo de la celebración de Santa Ana.

Parque de recreos

Pero las verbenas populares no eran la única cita con el baile y el ocio que tuvieron los habitantes de Vigo durante aquel verano de 1924. Los parques de recreo estaban entonces de moda y el más grande y atractivo de todos era Las Cabañas, situado en el entorno de Peniche. Abría todos los días; los laborables entre las 19 y las 1.30 horas, y los festivos y fin de semana, de la mañana a la noche. Tenía servicio de restaurante, dirigido por los señores López y Monroy, ofrecía atracciones muy diversas, bailes, deportes, etc. Había abonos quincenales que costaban 9 pesetas para los caballeros y 4,5, paras las señoras. Cuando terminaba el baile, a eso de las dos de la madrugada, había tranvías especiales aguardando.

No era el único parque de estas características, aunque de menor tamaño y prestaciones. Era, por ejemplo, el caso de el Parque Vigués ubicado en la finca de San Roque. Abría todos los domingos, «si el tiempo no lo impide», desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche. Contaba con una «nueva y afinada banda de música, compuesta de diez profesores y una gaita del país». En Cabral, se anunciaba el Robledal, un gran merendero que proporcionaba la «sensación de hallarse en el paraíso». En este caso, el atractivo era comer de campo.

Además de la playa, el vigués seguía teniendo la posibilidad de acudir a las casas de baños La Moderna, en la playa de San Sebastián, y La Iniciadora, ya en la avenida de Cánovas del Castillo. El abono para 27 baños de aseo costaba 10 pesetas.

Como venía ocurriendo desde varias década atrás, la Alameda seguía siendo el escenario de los conciertos diarios de la Banda de Música Municipal de Vigo y de la Banda de Música del Regimiento Murcia.

La expansión del cinematógrafo, aún mudo, era una realidad en la ciudad. La empresa Fraga ha se había hecho con la propiedad del Tamberlick, donde se combinaban las proyecciones con espectáculos diversos. Aquel mes de julio estuvo presidido por la compañía de opereta de Rafaela Haro. El Odeón competía en la calle Urzaiz, mientras que el Royalty inauguraba la modalidad de cine publicitario, exhibiendo las bondades de la marca Dodge, con el patrocinio del Garaje Americano.

Entre la gran oferta de cafés con actuaciones, nacía el Concert Lion D?or, en Elduayen, 28. Las cantantes de tangos y cuplés presidían las sesiones, todos los días concurridas «de selecto público». «A la terminación de las secciones de la noche, da principio el super-tango que es amenizado por un notable cuarteto de jazz band americano», se decía en el periódico Galicia.