Rodiño cierra un capítulo de la historia del comercio local

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CAPOTILLO

03 jul 2014 . Actualizado a las 10:36 h.

El comercio tradicional de la zona monumental acaba de perder una de sus señas de identidad con el cierre de Almacenes Rodiño, un establecimiento con 70 años de historia, tan emblemático por la singularidad del tipo de negocio, como por el encanto del local que ocupó hasta hace unos días en los bajos del centenario edificio situado en los números 8 y 10 de la calle Don Gonzalo. Un comercio como los de antes, dedicado a la venta al por mayor y al detalle de artículos de paquetería, mercería y hogar, que supo conservar hasta el final su antigua esencia y al mismo tiempo adaptarse y resistir a los nuevos tiempos. Lo fundó en 1945 Juan Rodiño Escudero, que desde los catorce años había trabajado en un negocio similar, el de Ramón Garza, también en el centro histórico. Al fallecimiento de este empresario decidió establecerse por su cuenta. El bajo que alquiló había sido a principios del siglo XX un almacén de pintura y después acogió la ferretería de Solís y Campo, los propietarios de todo el edificio, a los que acabó comprándoselo.

Todo por cajas

Rodiño abastecía de todo tipo de artículos -bragas, calzoncillos, calcetines, camisetas de felpa, botones, hilos, mantas, piezas de tela para sábanas y hasta jabones y libretas- a las pequeñas tiendas del rural de Pontevedra y de media provincia, desde Redondela hasta O Grove y Vilagarcía y desde Soutelo de Montes hasta A Lama, cubriendo un radio de más de cincuenta kilómetros. Pero los tiempos fueron cambiando y el negocio se centró en el textil y el hogar. Todo se vendía por cajas -de ahí lo de paquetería- salvo que ya viniesen de fábrica por unidad. Y de su amplio surtido también se beneficiaban muchos pontevedreses que pasaban por su mostrador dispuestos a comprar ropa interior por docenas o medias docenas, beneficiándose así de un mejor precio. Tres generaciones de comerciantes han atendido este negocio en sus setenta años de historia. Al fundador lo sucedieron su hija, María del Carmen Rodiño Fontoira, y el marido de esta, Manuel Díaz Montenegro, fallecido el pasado año. Y después se incorporaron sus hijos Juan Manuel y María del Carmen, que tuvieron a su madre de jefa hasta el día de su jubilación, ayer mismo.

Un local con encanto

Almacenes Rodiño supo mantener una fiel clientela. «El último tique fue una caja de camisetas que yo mismo le vendí a un asiduo comprador nuestro», comenta Juan Manuel, quien contó a La Voz la historia del establecimiento, no sin cierta nostalgia. Entrar en el local ya era todo un placer para los sentidos, con sus columnas de hierro fundido, su escalera majestuosa, el pupitre donde el abuelo hacía las facturas, los mostradores de madera, percheros, cortadoras de papel, una báscula de hasta 500 kilos, una estufa de hierro... Todo ese mobiliario centenario lo han puesto a la venta en Internet y parte ya lo han adquirido amantes del vintage. De hecho, uno de los mostradores del emblemático comerio se va para Barcelona. Y el edificio ya tiene también comprador.