Currás al desnudo


Ángel Currás es un rey sin reino y sin súbditos, casi sin escuderos, a los que intenta reclutar hasta debajo de las piedras... Para él, aunque ni siquiera la lleven los monarcas, lo único importante es la corona. En su caso, un bastón de mando que no manda. Se está viendo estos días, en los que, con ese lenguaje ambiguo que emerge en estas situaciones desde O Pino, se le está enseñando la puerta de salida. Es como el rey desnudo al que le avisan que está desnudo y ni se inmuta.

Que Currás no tiene proyecto ya era evidente desde que tomó posesión ?su legado solo es judicial?, que no tiene futuro político ya no es noticia. En su currículum lo único que sobresale son dos imputaciones, una por tráfico de influencias en la Pokémon y otra por prevaricación y acoso a un policía local. Con estas referencias, y los cadáveres políticos que está dejando por el camino, no parece el mejor perfil para defender la alcaldía de Santiago. Currás lo sabe, lo cual es más grave, porque ni siquiera se le puede aplicar el atenuante de ignorancia o enajenación mental transitoria. Es solo la ambición personal, puesto que ya nada puede hacer por los ciudadanos a los que dice representar, lo que le mueve a permanecer en el cargo. Santiago merece otro alcalde y otro gobierno, porque es más que una ciudad grande, es enorme. No solo por su catedral, su casco histórico o su universidad. Es enorme por sus ciudadanos, y así lo demostraron, como tantas veces a lo largo de los tiempos, en la mayor tragedia ferroviaria de la historia de Galicia. Y así lo demuestran estos días, en los que Santiago luce como la peor de las marbellas, con una paciencia extraordinaria. Pero hace bien Feijoo en sentirse corresponsable del desaguisado. A estas alturas ya debe de ser consciente de que cada minuto que pasa Currás en Raxoi él manda un poco menos en el PP, y en Galicia.

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